La enésima caída

La enésima caída

0

By Enrique Dans

.

Mi columna en Invertia de esta semana se titula «El mercado y el péndulo» (pdf), y es una perspectiva de la bofetada bursátil de esta semana, desde el punto de vista de quien ha visto ya unas cuantas caídas como esta.

El pasado lunes, la bolsa norteamericana abrió con una caída de seiscientos puntos en el Dow y con el S&P 500 por debajo de los cuatro mil puntos, sus valores más bajos en más de un año. Los gigantes tecnológicos, en tan solo tres días de cotización, han perdido un total de un billón de dólares.

En algunos casos, como el de Meta o el de Netflix, llueve claramente sobre mojado: las caídas siguen a fuertes desplomes anteriores, por razones aparentemente similares, su crecimiento (o falta del mismo), pero no siempre igual de justificadas. En otros, sobre todo en compañías que han debutado recientemente en el parqué como Coinbase, Rivian o Robinhood, el bofetón es todavía más escandaloso: cotizan ya un 70% por debajo de su precio de salida.

El mercado de las criptomonedas cotiza también fuertemente a la baja: el bitcoin, a pesar de ser el activo de mayor madurez y con medio mundo – empresas, grandes bancos, y hasta países – apalancado en él como reserva de valor contra la inflación, está en su nivel más bajo desde julio de 2021, y otras criptomonedas más pequeñas o con mayor nivel de riesgo están sufriendo castigos aún mayores. Se calcula que en torno al 40% de los inversores en ese mercado están perdiendo dinero.

¿Qué pasa con los inversores que hasta hace muy poco celebraban las constantes subidas de las big tech o de los criptoactivos? Las razones son varias: en primer lugar, algo tan sencillo como una crisis económica. Un entorno con tipos de interés e inflación al alza lleva a los mercados a replantearse el concepto de riesgo, a volverse mucho más conservadores, y a salir de todo aquello que pueda darles la impresión de incertidumbre, algo que en muchos casos, y como en todas las crisis, hace pagar a justos por pecadores.

Como segundo ingrediente, el entorno regulatorio. Como ya he comentado en numerosas ocasiones en artículos anteriores, estamos saliendo de una época en la que las grandes empresas tecnológicas básicamente hacían lo que querían mientras definían su entorno y su negocio, a otra en la que muchos de los elementos de ese negocio son vistos ahora de manera hostil tanto por el mercado como por los reguladores. Nadie quiere empresas con más capacidad de alterar su entorno que los propios gobiernos, y muchas de las cosas que hacían de manera completamente ilimitada van a tener cada vez más límites: si algo nos suena imposible, demencial o ilegal fuera de la red, pasará a serlo también dentro de ella, lo que amenaza el modelo de negocio de muchas de las grandes tecnológicas. ¿Espiar constantemente a tus usuarios con el fin de revender sus datos y dispararles anuncios ultrasegmentados? Si no lo puedes hacer fuera de la red porque sería absolutamente inimaginable, vete pensando en dejar de hacerlo dentro de ella. ¿Gestionar tu plataforma como si fuera tu cortijo y competir tú mismo en ella? Una nueva generación de normas antimonopolio te demostrarán que ya no va a ser tan fácil.

Tercer punto, tampoco casual: durante la pandemia, sobre todo en un mercado norteamericano en el que muchos de sus efectos duraron bastante más tiempo, las grandes tecnológicas crecieron como auténticas posesas. Amazon prácticamente duplicó su número de empleados y construyó almacenes como si no hubiera un mañana, hasta el punto de que ahora tiene muchos más productos en ellos de lo que sus usuarios demandan, y muestra síntomas de tener exceso de personal. Cuando llegan tiempos complicados, el haber estado creciendo por encima de tus posibilidades hasta hace muy poco puede pasar factura.

¿Qué vamos a ver a partir de ahora? Claramente, otra patada al péndulo. Durante un tiempo, los inversores se mostrarán cautos y conservadores, rechazarán aquello que no terminen de entender o que les parezca incierto, y se echarán a dormir como los osos en invierno. Las compañías y los activos que de verdad representen un valor como tales, sin expectativas sobrevaloradas – o incluso descontadas de manera injustificadamente agresiva – permanecerán y saldrán de la crisis más fuertes, tras un proceso de concentración de mercado que seguramente se lleve a algunas empresas por delante. Posiblemente estemos, incluso, ante un cambio de ola que nos lleve a una nueva etapa, la sexta, caracterizada por una emergencia climática cada vez más acuciante y por el creciente predominio de unas tecnologías limpias que irán cambiando nuestra forma de hacer muchas cosas, los modelos de negocio y los patrones de consumo.

Parece difícil pensar que esto vaya a ser una pequeña corrección: probablemente dure algún tiempo. Pero no lo olvidemos: el futuro es el futuro, y las cosas siguen avanzando hacia él, tal vez de forma temporalmente más lenta, pero en la misma dirección.

Puedes leer el artículo completo en: : La enésima caída

COMENTARIOS

Leave a Reply