Voto y redes sociales

Voto y redes sociales

0

By Enrique Dans

Un interesante artículo en The Guardian, titulado A third of young people think social media will influence their vote, detalla y comenta los resultados de una encuesta de Ipsos Mori cuyos resultados indican que un 34% de los jóvenes entre 18 y 24 años consideran que el uso de redes y medios sociales ejercen una importante influencia sobre su voto, el segundo medio con más influencia tras los tradicionales debates televisados. Unos debates, además, en los que cada día predominan más patrones de consumo en modo “doble pantalla simultánea”, viendo la televisión al tiempo que se siguen y se comentan las reacciones en las redes sociales. En muchos sentidos, afirma la encuesta, las redes sociales parecen estar sirviendo para acercar al debate político a personas que no parecían interesadas en él, aunque aparentemente lo hagan de una manera claramente superficial y con una escasa calidad en formas y argumentos.

El resultado en sí no resulta especialmente sorprendente: a medida que un porcentaje cada vez más significativo del consumo de medios va cambiando de pantalla y va desplazándose a las redes sociales, cada vez más centradas en el consumo de contenidos frente a su uso tradicional u original de mantener el contacto con amigos y conocidos, parece lógico pensar que su influencia en una decisión como el voto crezca consecuentemente. El carácter bidireccional de las redes sociales favorece que los intercambios de opiniones, tanto aquellos en los que la persona participa como aquellos que simplemente presencia, se conviertan en una fuente de influencia, dotada además de una mayor sensación de proximidad, de cercanía al usuario. Las opiniones que impactan al usuario provienen de personas a las que este ha decidido seguir, que posiblemente pueda considerar como referencia en esos u otros temas, y por tanto impactan de una manera más eficiente. El hecho de que en muchos casos se añada a la opinión una métrica de popularidad en forma de retweets, likes o métricas similares se puede convertir además en un efecto de reafirmación colectiva que también juega un papel importante, sobre todo en usuarios jóvenes.

Las redes sociales, sin embargo, no responden a los patrones tradicionales de la comunicación unidireccional. Aquellos partidos que tratan de manipularlas de manera burda o de aplicar estrategias basadas en la “fabricación” de una falsa relevancia pueden fracasar con suma facilidad. Los tiempos en los que los partidos se dedicaban a colocar varias filas de militantes armados de ordenadores o teléfonos móviles en los mítines para “fabricar” artificialmente trending topics y fingir una relevancia de la que carecían completamente parecen haber pasado ya a la historia, pero en su lugar parecen anunciarse estrategias de coordinación muy similares: consignas dictadas directamente desde los partidos para que hordas de militantes actúen de una manera determinada, aparentemente inspiradas en el “estilo Hugo Chávez“, que utilizaba a cientos de personas contratadas para “elevar las barreras de entrada a la participación”, insultando y apaleando públicamente a quien osaba tener una opinión contraria a la oficial.

La calidad del debate político en las redes sociales no es necesariamente buena: en muchos casos, hablamos más de frases cortas, lapidarias o irónicas y de simplificación burda de argumentos que de un verdadero intercambio de opiniones. Incluso cuando se utilizan las redes para difundir un artículo más largo y con más reflexión, es habitual que ese artículo termine siendo usado casi a modo de “arma arrojadiza”, pero con un nivel de lectura real muy bajo – aunque otros contenidos, como el vídeo o el cómic, puedan ser objeto de un consumo mayor. Posiblemente sea este componente de consumo “en píldoras”, unido a una asincronía que lo hace muy conveniente, una de las claves que estén haciendo que las redes sociales se conviertan en una potente fuente de influencia a la hora de decidir el voto: sostener la decisión de votar por una formación determinada cuando una mayoría de tu red está lanzando constantemente argumentos en su contra no es sencillo. Los argumentos negativos, por otro lado, parecen pesar más que los positivos, salvo cuando estos son aportados como un recurso al sentido común o de manera relativamente desapasionada: el mensaje claramente propagandístico, laudatorio u obviamente proselitista suele generar en redes sociales un rechazo o incluso un hartazgo. No, las redes sociales no son para “pegar carteles”: son (o deberían ser) más para otra cosa. Pero entre lo que son hoy y lo que deberían o podrían ser en el futuro, me temo que aún nos queda mucho por ver – y por sufrir.

Puedes leer el artículo completo en: : Voto y redes sociales

COMENTARIOS

Leave a Reply