Veinticinco años de cárcel para Sam Bankman-Fried
By Enrique Dans
El juicio a Sam Bankman-Fried, fundador y CEO de FTX, termina con una condena a veinticinco años de prisión y a indemnizaciones de más de once mil millones de dólares por uno de los mayores crímenes financieros de la historia de los Estados Unidos, y la evidencia de que el personaje tiene además cero remordimientos sobre unos actos que seguramente volvería a hacer si pudiese.
Una condena fundamental y muy necesaria a un personaje que aprovechó su popularidad para crear una narrativa de joven genio triunfador hijo de dos profesores de Stanford, y con ella, engañar a sus usuarios, llevarse su dinero y, en lugar de custodiarlo, invertirlo irresponsablemente en activos sujetos a muchísimo riesgo. Mientras, creó otra compañía y se inventó su propia criptomoneda para tratar de pagar sus propias deudas con ella, y se dedicó a adquirir propiedades lujosas en las Bahamas.
Culpable de todos los cargos. Cuando, en noviembre de 2022, dimitió como CEO de la compañía y fue, un mes después, arrestado en las Bahamas, había sido varias veces portada de revistas de negocios como Forbes o Fortune, había hecho donaciones millonarias a políticos, se había dedicado a esponsorizar estadios con el nombre de su compañía, se había anunciado en los intermedios de la Super Bowl y había engañado a muchísimas personas para terminar huyendo con su dinero.
Toda innovación genera en ocasiones personajes turbios como este, y es importantísimo que la justicia ponga las cosas en su sitio y establezca que la pena por hacer este tipo de cosas es pasarte casi tantos años en la cárcel como años tienes. No, el recurso al «la cagué» no sirve como excusa: hablamos de un sinvergüenza de marca mayor, de un estafador que aprovechó la incertidumbre existente en un ecosistema recién desarrollado para atraer a un buen montón de incautos y tratar de llevarse su dinero.
La crisis de confianza que este idiota fue capaz de generar no se ha convertido, como algunos predecían, en «el fin de las criptomonedas«, sino en un simple bache que tiene que servirnos para aprender unas cuantas lecciones. La primera, que si una tecnología sirve para descentralizarlo todo, es una barbaridad centralizar los riesgos en un solo punto (y más si depende de la gestión de un irresponsable). La segunda, que aunque el paper original de Satoshi Nakamoto sea fácil de entender y de imitar, no todo el mundo puede simplemente replicarlo y sacarse de la manga algo que supuestamente tiene un valor determinado. Y tercero, que hay sinvergüenzas en todas partes y es importante protegernos de ellos.
Película con la vida de este idiota en tres, dos, uno…
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