Vehículos autónomos y nuevos modelos de comercio
By Enrique Dans
Cada vez resulta más evidente que el impacto de la conducción autónoma, más allá de en cuestiones como el modelo de transporte o la transición del automóvil desde producto a servicio, va a estar en el desarrollo de nuevos modelos comerciales asociados con un nuevo concepto de distribución.
El vehículo en la ilustración es un Nuro, una creación de dos ingenieros salidos de Google que plantea una solución para la entrega en la logística de última milla, y que no es en absoluto el único competidor en ese espacio: Amazon, Udelv, Ford, Starship, Robomart, Boxbot, Eliport, ZF o JD.com entre otros presentan prototipos en fases más o menos avanzadas de desarrollo y con distintas características, en una carrera incesante de inversiones y alianzas. De hecho, un informe de McKinsey afirma que en torno al 85% de los envíos de última milla en el año 2025 se producirán mediante vehículos autónomos, lo que daría a ese tipo de vehículos una presencia prácticamente ubicua en nuestras calles.
Pero más allá del reparto, que no deja de ser automatizar de una manera directa mediante un vehículo autónomo y un compartimento accesible mediante un código una tarea que previamente se llevaba a cabo con un conductor y repartidor humano, existen otras posibilidades con un planteamiento más innovador, que se alinean con un futuro en el que el retail tradicional tiende a ser cada vez menos eficiente y a buscar nuevas fórmulas. Las tendencias en los Estados Unidos, donde cada año se producen más cierres de tiendas, apuntan a una presencia cada vez mayor de fórmulas mixtas con una presencia online fuerte, pero que utilizan mecanismos como las pop-up stores para ofrecer una experiencia de producto tangible.
Posibilidades como llevar la oferta de showrooming a este tipo de vehículos y posibilitar que los usuarios, en la puerta de sus casas, puedan tocar, ver o experimentar productos directamente antes de tomar la decisión de adquirirlos pueden convertirse en alternativas interesantes para muchas marcas en las que este tipo de experiencias juegan un papel importante a la hora de despejar incertidumbres. En otros casos, como el envío de productos preparados como las pizzas, el propio vehículo puede cocinar o mantener calientes los productos durante el proceso de envío, lo que permite al usuario hacerse con un producto realmente recién cocinado, al hilo de algunas escenas que hemos podido ver en series futuristas como Black Mirror. Pero sin llevar el tema al ámbito de la ciencia-ficción, para cualquiera que haya vivido en un pueblo como es mi caso, la cuestión no deja de tener su gracia, porque evoca directamente el comercio de una gran cantidad de bienes que no tenían una tienda como tal en las inmediaciones, pero cuya tienda era realmente su furgoneta: además del pan, que venía todos los días, podías encontrarte, según el día, con el pescado, la fruta u otros productos poniendo la tienda prácticamente en la puerta de tu casa. ¿Podría trasladarse este modelo a un escenario de vehículos autónomos en los que el usuario puede ver el producto, y adquirir directamente aquello que le interesa? Pensar en un futuro de la distribución centrado no tanto en el retail clásico en tienda, sino en vehículos de este tipo que se desplazan al domicilio del cliente podría dar una clave muy interesante con respecto al futuro de las tecnologías de conducción autónoma más allá de las aplicaciones habitualmente concebidas para ellas, y un ecosistema de desarrollo con muchos actores potencialmente interesados.
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