Un mundo entero… ¿de soledad?
Algunos desnortados dicen que el cine no refleja la realidad. Cierto, sobre todo en géneros que, por definición, no lo hacen…
En los que sí (dramas, por ejemplo), todo se maximiza, buscando tocarnos la fibra sensible. Lo que no quita que los acontecimientos narrados tengan su origen en la realidad cotidiana e hilen muy fino sobre los problemas de nuestra acomodada sociedad occidental donde lo queremos ‘todo hecho, ya’.
En un reciente artículo se reflexionaba sobre el hecho de que Internet, las redes sociales etcétera, han conseguido que nosotros, vaguetes humanos, cada vez ejercitemos menos la memoria y nos convirtamos en amnésicos digitales.
Esto, de por sí, es un problema.
Si fiamos la sabiduría humana al megarepositorio de la red de redes, donde muchas cosas son que sí y otras muchas son que no, terminaremos por convetirnos en los tripulantes de la Axiom, la nave de la maravillosa película ‘Wall-E’: rechonchos bebés atiborrados a estímulos y azúcar, condenados indefinidamente a la dependencia de… una máquina.
Y es que, tener el mundo a un solo clic, está lejos (más a menudo de lo que nos gustaría admitir) de ser una ventaja, en condiciones de uso inadecuadas: cada vez con más frecuentes los casos donde nos sentimos como voces en el desierto, envueltos en un mundo digital que, sin comerlo ni beberlo, va alienando todo lo que nos convierte en humanos.
¿Estamos presenciando el nuevo paradigma de la soledad, aquella que, si nos descuidamos, nos destruirá para siempre?
Busquemos en el inagotable acervo cinematográfico una película tremendamente ilustrativa sobre este tema que, además, no se mueve en el terreno de la ciencia-ficción: la reciente y notable ‘Hombres, Mujeres & Niños’, de Jason Reitman.
En ella, personajes de todo pelaje deambulan sin rumbo entre el porno por Internet, las redes sociales donde todo lo que no es relevante (¿a quién debería importarle dónde compremos el pan?) lo parece; los whatsapp; los chats, la protección enfermiza de los más pequeños por parte de unos padres perdidos que ya no saben qué hacer; las webs de citas y todo ese etcétera que, exarcebado, provoca los peores traumas alejándonos de la IMPRESCINDIBLE interacción humana ‘real’ (porque tener cien mil amigos en Facebook y ninguno para irte de cañas, no es bueno).
Un humano que no explora ni se relaciona, que no se hace preguntas, que no valora el esfuerzo, que piensa que todo el mundo le debe algo… está condenado a la extinción. O, peor aún, a ser un títere en manos de los poderosos que, muchas veces, son los que tienen los redaños de pensar por sí mismos mientras el rebaño pasta tan campante.
Tenemos el mundo entero a nuestros pies, interconectado como nunca y preparado para que demos lo mejor de nosotros mismos.
¿Queremos aprovechar el vergel de relaciones humanas, de progreso, de crecimiento personal ilimitado?
¿O preferimos abrazar la comodidad y la soledad donde, al final, perderemos todas las inquietudes que nos han llevado a desarrollar solo una pequeña (y magnífica) parte de nuestro verdadero potencial?
No sé vosotros, pero yo no quiero ser un tripulante de la Axiom, ni padecer de Amnesia Digital. Quiero abrir el regalo que nos han (nos hemos) dado, y explotarlo para crecer, aprovechando la maravillosa experiencia que es tener el mundo al alcance de la mano… sin olvidar el camino que nos ha llevado hasta aquí y nos llevará hasta el infinito… ¡y más allá!
El artículo Un mundo entero… ¿de soledad? ha sido publicado en Mis Apis Por Tus Cookies por Eduardo Bonafonte.
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