Tesla Optimus… y el futuro

Tesla Optimus… y el futuro

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By Enrique Dans

La presentación del robot humanoide Optimus ayer en el Tesla AI Day 2022 resultó muy interesante por lo que supone pasar de un tipo disfrazado de robot bailando en el escenario el año anterior, a un verdadero prototipo en desarrollo aún muy poco vistoso, pero real y tangible, como había previsto un año antes.

Tras una demostración en la que el prototipo de primera generación solo pudo saludar y dar unos pocos pasos extremadamente cautelosos en el escenario, y el segundo no caminaba aun y tenía que ser torpemente arrastrado por varias personas, no es momento de hablar sobre funcionalidades, sino más bien sobre la visión y los planes de una compañía que, hasta el momento, conocíamos vinculada a los ámbitos de la automoción y la energía, y que ahora parece dispuesta, reutilizando muchos de sus desarrollos, a internarse en el campo de la robótica avanzada.

Robots humanoides… ¿para qué? ¿Debe un robot tener un factor forma similar al de un ser humano? ¿Qué aporta un robot de Tesla que apenas alcanza a dar unos pasos vacilantes cuando ya estamos hartos de ver robots de compañías como Boston Dynamics bailando o haciendo parkour? Según Elon Musk, la cuestión está en entender la diferencia entre un robot programado para hacer específicamente una serie de cosas y otro que entiende el contexto y es capaz de interactuar con él, como lo haría un vehículo autónomo o semi-autónomo, que puede hacer cosas útiles sin ser instruido específicamente para ello, y que además, puede ser fabricado a gran escala para producir millones de unidades.

¿Visión transformadora? La idea tras Optimus es reciclar la experiencia de la compañía en el desarrollo de elementos como los sensores, los actuadores, los motores, las baterías o los chips para crear un robot que pueda llevar a cabo una amplia variedad de trabajos, tanto industriales como domésticos, y que tenga un precio inferior al de muchos coches, en torno a los veinte mil dólares. Planteado así, y dado que la compañía ha dejado claro que su primer uso estará en sus propias factorías, parece claro que no son pocas las tareas en las que un empresario preferiría invertir veinte mil dólares una vez en un robot, que puede trabajar muchas más horas que un humano sin descanso más que para cargar sus baterías, que no se queja ni se sindica, y que mantiene en todo momento una precisión extrema, frente a contratar un trabajador al que tendría que pagar anualmente. De hecho, la visión apunta a un futuro en el que el trabajo no será necesario, será simplemente algo que hacemos si queremos, porque siempre habrá un robot capaz de hacer lo que hace un ser humano a un coste presumiblemente menor y con mejores resultados.

Pero más allá de los entornos industriales, Tesla prevé un uso doméstico de sus robots, que serán capaces de ordenar y limpiar una casa, pero también de muchas otras cosas, en un escenario de interacción constante con el ser humano. Según Musk, el desarrollo de los robots en todos los contextos va a ser un ámbito de mayor importancia que el automóvil. En muchos sentidos, cualquiera que haya conducido de manera regular un automóvil de la compañía durante un viaje largo sabe que, en la práctica, hablamos de un auténtico «robot con ruedas», capaz de hacerse cargo de la tarea de conducir durante kilómetros y kilómetros sin más requisitos que llevar la mano apoyada ejerciendo una cierta presión sobre el volante, y autorizar ocasionalmente los adelantamientos mediante una palanca. Y de hecho, sabe también que si no hace más, es porque la ultraconservadora legislación europea no se lo permite. En el fondo, la visión de un robot humanoide llevando a cabo tareas es algo que la compañía parece asimilar a su idea de la conducción autónoma.

Dar el salto conceptual desde un robot presentado ayer, de paso vacilante y capaz como mucho de saludar y, según algunos vídeos, de levantar algunos objetos, a un verdadero asistente capaz de llevar a cabo todo tipo de trabajos repetitivos, monótonos o pesados es cuestión, como siempre, de sintonizar mejor o peor con los análisis de escenarios de un Musk que generalmente no acierta con los tiempos, pero sí suele hacerlo con las funcionalidades. En este caso, anticipa un escenario de dos años para tener en el mercado robots humanoides capaces de desempeñar trabajos en un entorno industrial, y en torno a diez para que, además, se conviertan en algo que le comprarías a tus padres.

Lo que sí parece claro es que Musk, con sus proyectos, es capaz de sintonizar con los contextos más señeros de la ciencia-ficción, sean viajes espaciales, coches autónomos o robots humanoides, y trasladarlos a un ámbito en el que pierden el componente de ficción y se convierten en tangibles, en escenarios para los que puede faltar algo de tiempo, pero que son definitivamente creíbles.

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