Tecnología y miedo a lo desconocido
By Enrique Dans
La salida al mercado de Waymo One, el primer desarrollo comercial real de los vehículos autónomos de Waymo aún con conductor de seguridad aunque ya no por exigencia legal sino para mejorar la interacción con los usuarios, está generando todo tipo de especulaciones sobre el futuro de unas ciudades norteamericanas construidas en torno a una fortísima cultura del automóvil, y dando lugar a una oleada de curiosos y anecdóticos incidentes de resistencia enormemente similares a los protagonizados por los luditas en la época de la Revolución Industrial. Varios conductores de seguridad de la compañía han reportado incidentes de amenazas, ruedas pinchadas o ataques para echarlos fuera de la carretera por parte de una serie de trastornados que ven la llegada del vehículo autónomo como algo que cambia la fisonomía del mundo que conocen, en un intento absurdo y fútil de detener el avance de una tecnología que cambiará el mundo tal y como lo conocemos y evitará millones de muertes en tráfico cada año.
La resistencia a la tecnología siempre tiene los mismos elementos: miedo a lo desconocido y generalización de problemas puntuales. Algunos competidores pueden haber contribuido a la aparición de esos miedos con pruebas desarrolladas muy por debajo de los deseables estándares de seguridad, pero en la práctica, no supone más que una fase del proceso de normalización de la tecnología, una etapa por la que necesariamente hay que pasar. De hecho, la actitud de los conductores de seguridad de Waymo está siendo la de minimizar la intervención policial, interponer denuncias solo en los casos en los que verdaderamente es necesario hacerlo, y quitar importancia a esos incidentes aislados que, en poco tiempo, recordaremos como simples anécdotas, como un elemento más del progreso de la tecnología y una muestra de la falta de adaptación de algunos, de su incapacidad para imaginar un futuro diferente o de su sensación de estar siendo amenazados.
Estamos aún en 2018, y la flota de vehículos de Waymo está ya circulando en tráfico real en Phoenix con clientes reales. Vehículos conducidos por el conductor con más experiencia del mundo, con millones de kilómetros en su haber, que no tiene ninguno de los problemas con los que los agoreros tanto especulaban: no se preocupa de esa supuesta situación absurdamente dicotómica en la que tendría que decidir si matar a su pasajero o a un bebé que cruza la calle, no tiene problemas en un tráfico aún dominado por vehículos conducidos por humanos, no tiene accidentes más allá de casos testimoniales, y no se encuentra con un mercado que lo rechaza, sino todo lo contrario: con listas de espera de clientes deseosos de probarlo.
La siguiente fase es la que importa. Pronto, veremos en Arizona y California vehículos similares ya sin conductor de seguridad, y comenzaremos a experimentar sus efectos: hasta qué punto resultan disuasorios a la hora de dejar de utilizar o reducir el uso del vehículo particular, casos de uso habituales, y planteamientos comerciales basados en el tipo de vehículo, en fórmulas de uso exclusivo o compartido, en la llegada de competidores. Después, empezaremos a verlo en cada vez más ciudades, a medida que las cifras de negocio vayan resultando más y más interesantes. Estamos presenciando la llegada al mercado de una tecnología con un potencial enorme, que pronto cambiará muchísimas de las ideas preconcebidas que muchos tenían sobre el transporte y la conducción, y que tendrá una influencia enorme en muchísimos aspectos de nuestra vida. Y estamos aún en 2018.
Puedes leer el artículo completo en: : Tecnología y miedo a lo desconocido
