Tecnología, medio ambiente y responsabilidad

Tecnología, medio ambiente y responsabilidad

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By Enrique Dans

Desde Damm, que me invitó hace algún tiempo a participar en uno de sus eventos de formación interna, “Let’s Damm Together“, me pidieron un artículo breve de temática libre para su newsletter corporativa, así que decidí escribir sobre el futuro de la innovación y la tecnología en un entorno cada vez más condicionado por la necesidad de desarrollar estrategias para una preservación eficaz de la vida en el planeta que vivimos.

Si te está pareciendo que últimamente dedico mucho espacio a este tema, es porque efectivamente es así: es el resultado de una toma progresiva de conciencia no sobre el problema, que lógicamente conocemos desde hace mucho tiempo, sino sobre la importancia de plantear soluciones para el mismo. Si el dieselgate de Volkswagen funcionó como una eficaz llamada de alarma y me llevó a escribir algunos de los artículos más duros que he escrito sobre una compañía y una industria con la que, además, no tengo una mala relación y que ahora veo necesitada de una reinvención radical y absoluta, el último informe del IPCC se ha convertido en la auténtica sirena que suena a todo volumen y que ya no puede ser ignorada de ninguna manera sin ser un completo irresponsable o directamente un idiota. Consecuentemente, he introducido este tipo de contenidos en la práctica totalidad de mis canales: todo lo que pueda contribuir a crear conciencia sobre el tema, aunque sea dentro de mis limitadas posibilidades, me parece un recurso adecuadamente dedicado.

Lógicamente, mi perspectiva no pretende ser catastrofista, sino poner de manifiesto que la tecnología y la innovación pueden convertirse en las soluciones a muchos de los problemas más importantes que tenemos, y que, además, se trata más de una cuestión de adopción que de desarrollo tecnológico como tal: mucha de la tecnología y de la innovación que necesitamos para solucionar nuestros problemas como civilización está ya desarrollada y disponible, y lo único que limita su capacidad para hacerlo es que sus procesos de adopción no están teniendo lugar a la velocidad adecuada, en muchos derivado de un isomorfismo marcado por la hoja de ruta de compañías que pretenden crecer todo lo que puedan, aunque su estrategia sea insostenible. Es el momento de que los innovadores se planteen, en cada uno de sus ámbitos, cómo llevar a cabo cambios que permitan estrategias más sostenibles, y que puedan convertirse, además, en ventajas competitivas.

En los próximos años, estoy convencido de que vamos a ver establecerse una auténtica carrera por adoptar esas tecnologías y lograr cumplir los objetivos de reducción de emisiones necesarios, en parte debido a una toma de conciencia de las compañías y de sus trabajadores, y en parte por la presión que podamos ejercer sobre ellas y sobre los gobiernos como sociedad y como usuarios. En ocasiones no sé si lo creo por idealismo, por desesperación o por estupidez, pero todavía lo creo.

A continuación, el texto de mi artículo:

El pasado día 8 de octubre se publicó un informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático que revela la desesperada situación en la que se encuentra nuestro planeta, y hasta qué punto un incremento de la temperatura de más de un grado y medio podría generar una catástrofe medioambiental sin precedentes en la historia de nuestro planeta. Resulta enormemente curioso pensar cómo podemos, como especie humana, estar planteándonos cuestiones de todo tipo en nuestro día a día, y no tener la madurez suficiente como para afrontar lo que se nos viene encima, más allá de negarlo de manera persistente como hemos hecho a lo largo de los años, o de esconder la cabeza para pretender que no está ahí.

El cambio climático es, en gran medida, un problema económico y tecnológico: la combinación de una economía que se empeña en seguir creciendo de manera insostenible, y una tecnología que, aunque está a la altura proponiendo soluciones, se encuentra con unos procesos de adopción mucho más lentos de lo que sería necesario para ello.

¿Cómo puede ser posible que, teniendo tecnologías adecuadas como para detener un proceso de calentamiento global susceptible de acabar con la especie humana, renunciemos a utilizarlas porque, sencillamente, nos resultan incómodas, nos parecen caras o implican un crecimiento menor? ¿Cómo ajustar la mentalidad de toda una generación a la necesidad de un cambio imprescindible si no queremos precipitarnos a una catástrofe?

La responsabilidad no consiste ni en no hacer nada al respecto, ni en protestar, escandalizarse o asustarse. Implica entender el proceso que estamos viviendo como una enorme oportunidad para el cambio, para la diferenciación y para la contribución significativa a las soluciones. Implica ser creativo, trabajar en equipo, e introducir estos elementos de sostenibilidad en lo más hondo de la cultura empresarial, hasta afectar no solo como trabajamos, sino también como vivimos, como consumimos o hasta como votamos.

A lo largo de los próximos pocos años, nos disponemos a vivir el mayor proceso de concienciación medioambiental que hemos experimentado jamás como sociedad. Las compañías y las personas que trabajan en ellas tendrán que tomar una actitud inequívoca si quieren mantenerse entre las opciones elegidas por los consumidores: las tecnologías que permiten eliminar las emisiones, abastecerse de energías limpias y optar por sistemas de producción o distribución que generen balances de CO₂ negativos van a convertirse en fundamentales, y las empresas más proactivas en este sentido sustituirán a las que no sepan serlo. Estas opciones a menudo implicarán posibles pérdidas de competitividad o resultados más discretos, pero da lo mismo: la batalla ya no es el mercado, los accionistas o los beneficios… la batalla es la supervivencia. O nos convertimos en enormemente proactivos a la hora de adoptar y explotar las tecnologías adecuadas, o sencillamente, esto no da más de sí.

Pensémoslo. Tenemos una enorme responsabilidad.

Puedes leer el artículo completo en: : Tecnología, medio ambiente y responsabilidad

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