Sobre coches eléctricos y puntos de inflexión: ponte las pilas
By Enrique Dans
Las noticias con respecto al mercado del vehículo eléctrico apuntan cada vez más a un punto de inflexión que varias de las compañías tradicionales de automóviles han visto ya en sus previsiones, y para el que intentan desesperadamente prepararse.
Una preparación que no está siendo tan sencilla como anticipaban algunos, pero que indudablemente, va a modificar muchas de las pautas de mercado que conocemos: Volkswagen, desesperada por limpiar su imagen tras el dieselgate, se muestra enormemente optimista sobre la evolución de las ventas de vehículos eléctricos y pretende anticipar dos años sus planes de llegar a un millón de unidades vendidas, a pesar de los muchísimos problemas de software de su plataforma. Volvo presentó su primer vehículo eléctrico en octubre de 2019, y ha anunciado que pondrá en el mercado un nuevo modelo de vehículo eléctrico, no híbrido, cada año hasta 2025. Grandes compañías como GM o Volkswagen han confirmado el adiós a los híbridos, una tecnología absurda y sin sentido, y cada vez más fabricantes, ya no solo de vehículos de lujo como Lotus, Jaguar o Porsche, sino de automóviles de gama media, pretenden llegar a un mercado que ya no es de nicho, sino que, según los informes, se consolida como una opción lógica e inteligente.
¿Qué lleva al crecimiento del vehículo eléctrico, a pesar de lo intentos de los concesionarios por desalentarlo? Los automóviles eléctricos son ya, sencillamente, una tecnología superior frente al obsoleto motor de combustión interna. La constatación de ese hecho explica el crecimiento de ese mercado en China, en donde la fábrica de Tesla ya ha logrado estar en producción en un tiempo récord, pero también la facilidad para obtener financiación para nuevos proyectos como Rivian o como el proyecto turco Togg, además de anuncios como la reconversión a eléctrico de la flota de autobuses escolares y urbanos de California, o de la flota municipal de Nueva York. La ciudad de Los Angeles, de hecho, se está planteando obligar a compañías como Uber o Lyft a utilizar exclusivamente vehículos eléctricos en su flota, en un movimiento pleno de sentido.
Los vehículos eléctricos, simplemente, son mucho más baratos a la hora de operarlos y mantenerlos, como puede atestiguar cualquier propietario de uno de ellos: simplemente el olvidarte de pasar periódicamente por una gasolinera a cambio de una recarga en casa que prácticamente no tiene impacto significativo en la factura de la luz ya da lugar a un ahorro importante, pero si lo combinamos con la práctica ausencia de mantenimiento que desespera a los concesionarios, la cuestión va aún más allá, y todo ello a cambio de un vehículo mucho más divertido de conducir, que te entrega toda la potencia cada vez que aprietas el acelerador, sin necesidad alguna de sistemas de cambio de marchas para elegir un compromiso entre fuerza y velocidad. Ver un cambio de marchas como algún tipo de supuesta ventaja cuando un motor eléctrico te ofrece toda su fuerza y su aceleración cada vez que pisas el pedal es una patética forma de negación de la realidad y de justificación de una limitación tecnológica que provoca auténtica hilaridad a todo aquel que haya probado alguna vez un eléctrico en condiciones.
Los mitos alimentados durante años por la industria del petróleo caen estrepitosamente y se convierten en argumentos de cuñado: no, los vehículos eléctricos no generan – como era lógico suponer – más emisiones que los de combustión interna por mucho que pretendas introducir en la ecuación todos los factores implicados, y por mucho que pretendan algunos iluminados, el diesel, por moderno que sea, es muchísimo más dañino para el medio ambiente, y por eso marcas como Fiat-Chrysler, Honda, Porsche, Subaru, Toyota o Volvo han anunciado ya el abandono de esa tecnología. Si además te dedicas a fabricar con un mínimo de conciencia ecológica, el contraste es aún más evidente.
Los mercados pueden tardar en reaccionar a determinados cambios, pero terminan por hacerlo. Ahora falta que exijamos la voluntad política no ya para apoyar la introducción del vehículo eléctrico, que también es importante y ha demostrado que funciona, sino para demandar una rápida retirada de unos vehículos de combustión interna que nos envenenan a todos y cuyo uso no es ni debe ser considerado ningún derecho de nadie, porque nadie debería tener derecho a envenenar a los demás. Restringir cada vez más su circulación en cada vez más lugares, incrementar los impuestos a su adquisición y a sus combustibles, y modificar las inspecciones técnicas de vehículos para excluir taxativamente a todo aquel que emita más de un nivel determinado de contaminantes. Asegurar el derecho de los ciudadanos a no respirar veneno es algo que todo político debería considerar una prioridad. El vehículo eléctrico no solo es un cambio hacia una tecnología superior, es además la clave para un cambio de modelo energético y económico con muchísimo más sentido. Si no lo has entendido aún, ya lo sabes: ponte las pilas.
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