Redes sociales y política

Redes sociales y política

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By Enrique Dans

¿Hasta qué punto puede una red social tratar de influenciar el resultado de unas elecciones, o las decisiones políticas en general?

La discusión, nada inocente, surge a raíz de una pregunta planteada por algunos empleados de Facebook a Mark Zuckerberg en el sistema de votación interno que la compañía ofrece para poder proponer preguntas a su fundador en la sesión de Q&A que este mantiene semanalmente. La pasada semana, en el discurso de apertura del f8, Mark hizo algunos comentarios en los que se mostraba preocupado, como cualquier persona razonable y en sus cabales, por algunas de las demenciales consignas lanzadas por Donald Trump sin mencionarlo expresamente, como la del ya famoso “muro” que pretende construir en la frontera con México,

“I hear fearful voices calling for building walls and distancing people they label as ‘others’. I hear them calling for blocking free expression, for slowing immigration, for reducing trade, and in some cases, even for cutting access to the internet. It takes courage to choose hope over fear. Instead of building walls, we can build bridges.”

(“Escucho voces temibles que llaman a la construcción de muros y a distanciarse de personas que califican como “otros”. Veo como llaman a bloquear la libertad de expresión, a frenar la inmigración, a reducir el comercio y, en algunos casos, incluso a cortar el acceso a internet. Hay que tener valor para elegir la esperanza sobre el miedo. En lugar de construir muros, podemos construir puentes.)

Tras los comentarios, algunos empleados de la compañía han lanzado una pregunta clara: What responsibility does Facebook have to help prevent President Trump in 2017?”, o “¿qué responsabilidad tiene Facebook en contribuir a evitar una presidencia de Trump en el 2017?”, pregunta que aparecía entre las primeras en popularidad para la sesión.

Mark Zuckerberg nunca ha sido especialmente tímido a la hora de manifestarse políticamente. Ha hecho donaciones personales a campañas políticas de varios candidatos, y la compañía ha experimentado tanto con acciones destinadas a promover el voto, como con estudios de contagio de estados psicológicos. A medida que la compañía va evolucionando, mediante iniciativas como sus Instant Articles, desde su primigenia función de red social para convertirse, cada vez más, en un medio de comunicación masivo en el que sus usuarios pasan ya más tiempo informándose y leyendo noticias que intentando saber qué hacen sus amigos y familiares, su posible papel a la hora de editorializar las noticias y tratar de influenciar a sus usuarios crece potencialmente. Aunque la mayor parte de los usuarios no perciben a Facebook como un medio de comunicación con una línea editorial determinada, su potencial como creador de estados de opinión resulta completamente evidente: ningún otro medio tiene el alcance que tiene Facebook en todo el mundo, o la capacidad de generar información de manera completamente personalizada para cada usuario. De hecho, la compañía está siendo capaz de atraer cada vez más inversión de los candidatos y partidos políticos, que la usan no solo como canal propagandístico, sino también como una forma de interactuar directamente con sus posibles electores.

Facebook no tiene ningún tipo de obligación de mantener una posición equilibrada con respecto a ningún tema: la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos protege el derecho de la compañía a informar de la manera que quiera, del mismo modo que puede hacerlo cualquier periódico o revista. Puede tomar decisiones libremente sobre los contenidos que hipotéticamente pudiese querer promover o bloquear, y modificar o sesgar sus algoritmos de presentación de información en los timelines de sus usuarios en la manera en que estime oportuno.

La compañía se ha movido rápidamente para asegurar que bajo ningún concepto se plantea interferir en la forma en que sus usuarios votan:

“Voting is a core value of democracy and we believe that supporting civic participation is an important contribution we can make to the community. We encourage any and all candidates, groups, and voters to use our platform to share their views on the election and debate the issues. We as a company are neutral – we have not and will not use our products in a way that attempts to influence how people vote.”

(“El voto es un valor fundamental de la democracia, y creemos que el apoyo a la participación ciudadana es una importante contribución que podemos hacer a la comunidad. Animamos a cualquier y a todos los candidatos, grupos y votantes a usar nuestra plataforma para compartir sus puntos de vista sobre las elecciones y los debate sobre cualquier tema. Nosotros, como empresa, somos neutrales: no hemos utilizado y no vamos a utilizar nuestros productos de una manera que intente influenciar cómo la gente vota “.)

Pero la inquietud, obviamente, existe, y de manera igualmente legítima en ambos lados: por un lado, los usuarios pueden mostrarse preocupados ante la posibilidad de que una herramienta social como Facebook editorialice las noticias que aparecen ante sus ojos con la intención de sesgar sus opiniones ya no con respecto a qué productos compran, sino a qué partidos o candidatos votan. Por otro lado, ¿debe una compañía responsable que defiende unos valores y visiones determinadas permanecer impasible ante el avance de un candidato que pone claramente en peligro esos valores, y que utiliza además una estrategia de apalancarse precisamente en las redes sociales y en los mecanismos de viralidad para hacer llegar su mensaje, difundirlo y darle más fuerza?

La forma en la que la pregunta de los empleados de Facebook está formulada toca precisamente el centro de la cuestión: si una persona cree que un candidato es malo para su país – o en este caso, para el mundo en su conjunto – puede emprender acciones de activismo, puede escribir o expresar su opinión de la manera en que estime oportuno, y puede intentar, en la medida de sus capacidades, influenciar el voto de otras personas. Un periódico, una revista, una emisora de radio o una cadena de televisión pueden hacerlo también, y de hecho, lo hacen prácticamente siempre y sin ningún tipo de recato en ese sentido. ¿Debe una red social comportarse de otra manera, y exigirse unos estándares de neutralidad que no se exigen a ningún otro medio?

Cuando un medio decide editorializar su información en un sentido, lo hace tomando una decisión informada que suele implicar la renuncia a ser consumidos de manera mayoritaria por aquellas personas que no están de acuerdo con el sesgo dado a esa editorialización. Una red social, por tanto, podría decidir renunciar a prácticas de ese tipo si pretende seguir siendo una herramienta utilizada no solo por usuarios de una parte determinada del espectro político, en lo que sería una opción tomada únicamente en virtud de un criterio económico y de sostenibilidad. Sin embargo, no han sido pocos los casos en los que las compañías de este tipo se han significado en cuestiones políticas que condicionaban sus intereses o decisiones que ponían en peligro su concepto de internet – neutralidad de la red, defensa de la privacidad, censura, etc. – y los principios ideológicos de Donald Trump representan claramente una amenaza a muchos de estos valores. ¿Podría perdonarse Facebook como compañía, o Mark Zuckerberg personalmente, no haber hecho nada para tratar de impedir su llegada a la presidencia, por el miedo a perder el favor de un segmento determinado de usuarios? ¿Son las implicaciones éticas de la manipulación o editorialización de la información iguales para un periódico o una cadena de televisión que para la red social más grande del mundo?

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