Reconocimiento facial y contrato social

Reconocimiento facial y contrato social

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By Enrique Dans

Cristina Montalvo, de Nius, me llamó para hablar sobre la tecnología de reconocimiento facial y su uso en distintos países y escenarios, y citó algunos de mis comentarios en su artículo de hace algunas semanas titulado “Todo por la cara: límites y retos del reconocimiento facial» (pdf).

Hablamos sobre el contexto que rodea a la tecnología, y cómo su implantación, en muchos casos, se está llevando a cabo sin un verdadero cambio en el contrato social, sin que los ciudadanos, en realidad, tengamos ningún tipo de opinión en el proceso. Eso lleva a procesos de implantación con velocidad diferencial: mientras China apuesta por el tema a todos los niveles, convierte el control social en algo omnímodo (y de hecho, se plantea incrementarlo más aún con el control de los flujos monetarios mediante su moneda digital), San Francisco y otras ciudades norteamericanas tratan de ponerlo bajo control, y otros negocios, ciudades, países y entornos dan pasos en distintos sentidos, en una aplicación de la tecnología que genera no pocos temores y dudas.

En cuestiones susceptibles de modificar las libertades civiles y el contrato social, lo más importante es posibilitar procesos de adopción que generen una amplia discusión y, de una u otra manera, un cierto consenso sobre su adopción. Que la adopción de la tecnología de reconocimiento facial se dé en función de una propuesta de valor centrada en la comodidad o la conveniencia ofrece escenarios muy diferentes a los que se producen si tiene lugar por una cuestión de seguridad o de miedo a la delincuencia o al terrorismo, y la sociedad reacciona de formas muy diferentes en función de esos escenarios. Los disturbios en Hong Kong, por ejemplo, son una buena prueba de ello.


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