¿Quién conduce mejor… en medio de la nieve?

¿Quién conduce mejor… en medio de la nieve?

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By Enrique Dans

Waymo, la subsidiaria de Alphabet, Inc. para el desarrollo de la conducción autónoma, anuncia que comienza pruebas de conducción de sus vehículos en tráfico real en Detroit, una zona caracterizada por inviernos muy fríos y con gran abundancia de nieve. Con esto, las pruebas de conducción en tráfico real de Waymo se extienden ya a 24 ciudades (una en el lluvioso estado de Washington, quince en California, seis en Arizona y una en Texas), y tratan de abarcar cada vez más circunstancias en la conducción.

La nieve y el hielo suponen una prueba muy dura para la conducción de un vehículo: no solo por las condiciones de las vías, que todos aquellos que hemos tenido que conducir alguna vez en esas circunstancias conocemos, sino por el efecto de las bajas temperaturas sobre los sensores, que pueden verse total o parcialmente tapados por los elementos y dificultar sus lecturas. Señales viales total o parcialmente ocultas, hielo o nieve en los sensores, visibilidad muy reducida… en dos ocasiones he pasado lapsos de tres días en Detroit en invierno, y decididamente no son condiciones para cualquiera. Hablamos, obviamente, de cuestiones muy relativas: yo me considero un buen conductor bajo cualquier tipo de lluvia – normal en alguien que ha vivido buena parte de su vida en Galicia – y me sorprende hasta qué punto los conductores madrileños son, por lo general, malos y peligrosos con el suelo mojado. Cuando viví en California, sin embargo, una simple lluvia fuerte se consideraba muy peligrosa, y muchos de mis compañeros en la universidad se quedaban en casa porque consideraban que no se podía conducir en esas circunstancias. En Detroit, no saber conducir razonablemente bien bajo la nieve implica casi que en invierno te resignas a quedarte en casa día sí y día también.

Los vehículos de Waymo están, a todas luces, batiendo récords de fiabilidad. Estadísticamente, calcular el nivel de accidentalidad es tan sencillo como ver el número de kilómetros recorridos por vehículos bajo conducción autónoma y dividirlos entre el número de accidentes, y por el momento, no hay ninguna discusión: los vehículos autónomos no tienen prácticamente ningún accidente, y los pocos que tienen, provienen de acciones de torpes conductores humanos que se dan contra ellos. Ahora bien… ¿qué ocurre cuando sometemos la tecnología a prácticamente “pruebas de tortura”, como conducir en medio de circunstancias climatológicas extremas como nieve o hielo?

El pensamiento tradicional apuntaría a pensar que de alguna manera, en ese tipo de circunstancias no habituales, el humano podría llegar a reaccionar de manera más ventajosa que la máquina. Sin embargo, todo indica que no es así, y que tras el adecuado entrenamiento, el vehículo autónomo puede llegar a adaptar su conducción y sus reacciones mucho mejor que el conducido por una persona, y accionar los controles de la dirección y la tracción de una manera mucho más adecuada a las circunstancias. ¿Qué ocurre cuando hablamos de niveles de accidentalidad, y comprobamos que, en efecto, el mejor escenario, incluso en circunstancias difíciles, es el de que el humano se mantenga alejado de los mandos y deje su lugar a una máquina? No, conducir con nieve y hielo no es precisamente la idea que tengo de algo “divertido”. ¿Qué ocurrirá cuando este tipo de vehículos autónomos ofrezcan sus servicios comercialmente en diversas ciudades comenzando ya en pocos meses, y tu pareja o tus padres insistan en que “ese día, con la que está cayendo, no vayas en tu vehículo, sino que utilices uno autónomo”? ¿Conseguirán las pruebas de Waymo en Detroit acallar a los escépticos, o seguirán diciendo eso de “que me lo dejen a mí o a mi cuñado, y ya verán lo que es conducir con nieve”… 🙂

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