Preparándose para las olas de calor

Preparándose para las olas de calor

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By Enrique Dans

Francia anuncia la adopción de un plan para la prevención de los efectos de las olas de calor, un fenómeno cuya frecuencia se prevé que se duplique en torno al año 2050, y que están directamente vinculadas con la evolución de la emergencia climática.

Más allá de la teoría de que la emergencia climática dará lugar a algún tipo de new normal al que podemos adaptarnos, cada vez nos damos más cuenta de que, en realidad, lo que ocurrirá serán una serie de desastres horrorosos y casi inimaginables con catástrofes extremas con miles o millones de muertes. India, el país más populoso del mundo, con un clima que lo hace muy vulnerable a este tipo de fenómenos y con muchas zonas del país con rentas medias muy bajas que no permiten prepararse para ellos, ha visto ya, como su vecina Pakistán, olas de calor devastadoras, y se calcula que es uno de los países con un riesgo más elevado de sufrir una catástrofe extrema con la capacidad de afectar a millones de personas.

Pero este tipo de catástrofes no son en absoluto exclusivas de los países en vías de desarrollo: en 2021, los Estados Unidos experimentaron períodos verdaderamente complicados y que dejaron centenares de víctimas, y lo mismo ha ocurrido en Europa en 2022, incluso en países tan tradicionalmente alejados de la imagen de una ola de calor como el Reino Unido. Pronto, las olas de calor empezarán a recibir nombres, una clara indicación de su homologación con otros desastres naturales como los huracanes o los terremotos.

La muerte por calor, que se desencadena en el cuerpo humano a partir de una temperatura de bulbo húmedo de 35ºC (la habitual en muchas regiones del mundo está en tono a los 26ºC o 27ºC, de modo que el margen no es muy elevado), es, como escribe David Wallace-Wells en su libro «El planeta inhóspito: la vida después del calentamiento«, uno de los castigos más crueles que puede sufrir un cuerpo humano, tan dolorosa y desconcertante como la hipotermia. Empieza con el «agotamiento por calor», en gran medida una señal de deshidratación: sudoración abundante, náuseas, dolor de cabeza. Pero, pasado cierto umbral, el agua ya no ayuda, y la temperatura interna aumenta mientras el cuerpo bombea sangre hacia la piel, desesperado para lograr enfriarla. La piel suele enrojecerse, los órganos internos comienzan a fallar. Llega un momento en que el cuerpo deja de sudar. El cerebro también deja de funcionar correctamente, y a veces, tras un período de agitación y convulsión, el episodio termina en un letal ataque al corazón.

Dotarse de un plan de gestión para eventuales olas de calor empieza a ser una necesidad cada vez más importante para los países, y Francia hace muy bien en prepararse para un escenario que, no por horroroso, es desgraciadamente muy probable desde un punto de vista puramente estadístico. Veremos si otros países siguen su ejemplo y consiguen que, además de estar más preparados para este tipo de eventos extremos, seamos capaces de concienciar a la mayoría de la población de la necesidad de cambiar muchos de sus comportamientos para intentar paliar la subida de las temperaturas del planeta en el futuro.

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