Palabras, mensajes y política
El marketing como ciencia es una disciplina que impacta en todos los estamentos de la sociedad y el ámbito político no iba a hacer oídos sordos a esta ciencia.
Un mundo cada día mas tecnificado, virtual, automático y digital también está formado por un universo de personas que sededican al ejercicio de la política. No entrare a hablar si es correcto o no las practicas que se hacen en cualquier país, pero si veremos qué es lo que se hace, que se pretende conseguir y alcanzar por actuar de una forma o de otra, pero siempre relacionándolo con la ciencia del Marketing.
El ser humano puede ofrecer la mejor versión de sí mismo, pero la frontera que separa el bien del mal es una delgada línea como la existente entre el Ying y el Yang. Seguramente todos conocemos al padre de la física moderna (A Einstein) y también conocemos lo que es la bomba nuclear. Que quiero decir, aunque en origen los descubrimientos y análisis del hombre traten de ir hacia el bien común y la positividad, la degeneración y el mal uso conviven pared con pared, ya que la esencia humana como digo es capaz de lo mejor pero también de lo peor según quien haga uso y abuso de la misma. Algo bueno y positivo en las manos incorrectas puede convertirlo en una realidad totalmente diferente a lo que Einstein planteo originariamente con su descubrimiento.
Vivimos en un mundo cambiante, y la política es un arte o ciencia que no escapa a dicho dinamismo y cambio. Veamos la política como un plan de negocios o plan de marketing. El punto de partida es definir qué estrategia y objetivos quiero conseguir: Alcanzar una mayoría absoluta, ser presidente de algún gobierno, en resumen, alcanzar una cuota de poder para generar un beneficio propio y porque no también un beneficio común que en este caso estaría representado por la sociedad.
Una vez definida dicha estrategia, tenemos que armar los procesos que nos lleven a la materialización de nuestro fin. Tenemos que saber cuál es nuestro público objetivo, y en el caso de la política hablamos de los potenciales votantes que el día D mostraran su confianza en el político de turno ejerciendo su derecho al voto. Por ello, una definición de político que no encontraremos en la Wikipedia “es la de cazador de votos y simpatizantes que le den su apoyo en las urnas”.
Otro ejercicio que un político hace antes de querer convertir la política en una profesión es un análisis de resultados al más puro estilo ROI (return on investment), es decir, que consigo y cuanto me cuesta. Lo cual nos lleva al cuestionamiento y a preguntarnos porque un partido político invierte cie
ntos de millones de dólares, euros,…, si la contraprestación que va a recibir es la de un sueldo mensual como diputado, parlamentario, senador, presidentede un país o de una región. Si somos fríos y calculadores el ROI obtenido es negativo. ¿Porque entonces tiene tanto atractivo la política?
Algunos me rebatirán diciendo que tienen una vocación de servidores públicos y que lo que importa es convertir cualquier país en algo grande lleno de prosperidad, calidad de vida y bonanza. Este clain (mensaje) es muy socorrido, pero pierde su validad cuando una vez alcanzado el poder, lo usamos para nuestros fines particulares, empresariales o personales, es decir, adquirir una posición de notoriedad que me genere más beneficios en base a awareness y branding.
Pero hasta llegar a este punto, todavía tenemos que avanzar muchas cosas. Tenemos que convencer a la audiencia, a los votantes y para ello los partidos políticos intentan construir con cada impacto un acercamiento a la conquista del cliente, en este caso el votante.
Esta melodía de seducción es un continuo tira y afloja para “enganchar” a la gente hacia su propuesta de estado. Para hacer más atractivo este proceso, creamos iconos, ídolos a los que venerar, a los que escuchar, el candidato elegido debe cumplir una serie de premisas, debe ser encantador, inteligente, valido, convincente y sobre todo que este impoluto de corrupción y desdenes.
Con todo ello, cada partido político define sus armas y sus movimientos como si estuviésemos en un tablero de ajedrez donde las estrategias mandan, donde no importa sacrificar peones (candidatos de segunda división) para alcanzar la meta final. Los partidos insuflan a sus campañas políticas el musculo necesario para hacerlas cercanas y creíbles, y mientras tanto tenemos a los espectadores, es decir, a toda la población que como si estuviésemos en un gran hermano, seguimos los hechos y acontecimientos en silencio, como meros observadores comentando la jugada en petit comité.
Este es el juego al que jugamos todos, unos siendo parte activa y otros siendo espectadores. Independientemente de nuestra posición, la ciencia del marketing actúa mediante la observación, la investigación, el sondeo, la creación de marca, la propaganda, los medios de comunicación, la captación de votantes, la fidelización de simpatizantes, y todo con el loable fin de gobernar un territorio y tener la confianza de la población para hacerlo.
Maquiavelo decía: “el fin justifica los medios”, creo que como excusa es muy válida, pero no todo vale, no todo debiera servir para alcanzar un fin. Aparte del ROI deberíamos usar otra métrica para evaluar el éxito de nuestra propuesta, una métrica que indique cual es el impacto de nuestros actos en la sociedad, en el medio ambiente, en las person
as. No vale que para que yo sea prospero, el prójimo tiene que vivir en la pobreza.
Por desgracia, si hacemos caso a la teoría de juegos de Von Newman, ante 2 contrincantes solo existe una posibilidad, uno gana y el otro pierde, esto no debe ser así, porque no está en juego un ego personal, está en juego la sociedad y el planeta que vivimos y eso no es un ejercicio personal, es un planteamiento global que repercute en todos. Todo está interconectado gracias a la globalización e internet, y todo impacta en el todo, aunque pensemos que en nuestro minúsculo territorio que es nuestro propio hogar no nos va a alcanzar. No somos consciente del poder que tenemos hasta que vemos sus consecuencias. Seguimos practicando la reactividad en vez de la proactividad. Jugar a ser Dios, cuando solo somos hombres o políticos y pensar que nuestras decisiones buenas o malas van a tener un impacto mínimo es vivir ciegos a la realidad. Cada uno de nosotros todos los días proyecta su visión y forma de sentir de múltiples formas. Perder la autenticidad y ética hace que nos llevemos las manos a la cabeza, y en el caso que nos ocupa, la política no es ajena a este principio endémico. Queremos un mundo mejor, el marketing 3.0 aboga por ello. Un hombre sabio dijo: “Dadme un punto de apoyo y moveré al mundo”, no seamos frívolos, y dejemos nuestro ego de grandeza al lado, cuando nos planteamos hitos tan importantes como la política y ser líderes de masas. Es una responsabilidad tomada a risa en muchos casos, cuando el daño que se puede causar es enorme. Medir nuestros actos, nuestros hechos, nuestras palabras no es un ejercicio trivial, es algo a tomarse muy en serio, sino seguiremos viendo cómicos y payasos disfrazados de políticos con grandes mensajes y grandes campañas, que tratan de alienar a su audiencia para un fin no global, sino para un fin de intereses propios o de pequeños lobbys de socios y amigos. La política es una ciencia que impacta en la sociedad, en todos y cada uno de nosotros y no la convirtamos en un vulgar “juego de tronos” de unos pocos.

