No apuestes contra una megatendencia

No apuestes contra una megatendencia

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By Enrique Dans

La salida a bolsa de Lyft el pasado viernes dejó, indudablemente, un muy buen sabor de boca: más de setenta millones de acciones cambiaron de manos, mostrando una elevada demanda a pesar de estar hablando de una compañía que siempre ha generado importantes pérdidas y que jamás ha tenido un balance positivo. A tenor de lo visto el día de su salida, el mercado parecía estar dispuesto a aceptar largos historiales de pérdidas a cambio de una rentabilidad lejana y sin fecha, si ello significaba convertirse en uno de los actores principales en una industria incipiente.

Sin embargo, las cosas cambiaron tras el fin de semana: la compañía abrió fuertemente a la baja, vio descender su cotización un 12% hasta situarse por debajo del precio de salida de su IPO, y se mantuvo así toda la semana hasta el viernes, en el que finalmente logró recuperar sus valores iniciales. Ese mismo viernes, además, uno de los más conocidos short-sellers de Wall Street, Andrew Left, definió el apostar contra la compañía como “un juego para amateurs”, y sentenció que “apostar contra compañías disruptivas que dominan una megatendencia simplemente porque pierden dinero es una forma segura de arruinarse”.

¿Qué pasó en el mercado entre el lunes y el jueves de la semana pasada? Sencillamente eso: que muchos inversores aficionados creyeron ver una oportunidad de hacer dinero apostando contra el valor de la compañía y buscando beneficiarse de su pérdida de valor. La falta de comparables, el desconocimiento del mercado y, según fuentes de la compañía, el papel de Morgan Stanley, encargada de la salida a bolsa de su competidor, Uber, que supuestamente promovió ese comportamiento, podrían haber jugado un papel importante en ese movimiento. Morgan Stanley ha negado su participación, pero podría encontrarse con una demanda por parte de la compañía, que parece haber documentado abundantemente esa estrategia.

La semana de apertura de Lyft debería enseñarnos a diferenciar tendencias de especulación. Nadie en su sano juicio duda del potencial del ride-hailing como movimiento de futuro: como comentó el ya citado Andrew Left,

… todo el mercado del ride-hailing en los Estados Unidos representa únicamente en torno al 1% de los kilómetros recorridos en la actualidad. Esto acaba de empezar, y no es un videojuego de moda o una cámara GoPro: es una forma de vida que ahorra tiempo a los usuarios y garantiza la seguridad. El ride-hailing no es una moda pasajera, es una megatendencia.”

Que una buena parte del transporte del futuro funcionará como servicio en lugar de como funciona actualmente es ya, a estas alturas, una realidad inapelable. Avanzamos hacia ciudades en las que la gran mayoría de sus habitantes optarán por no poseer un vehículo propio y por utilizar servicios de flotas de automóviles que, además, serán completamente autónomos en un plazo de tiempo muy corto. Estamos hablando de un cambio enorme en la fisonomía de las ciudades y en el comportamiento de las personas que, para muchos, aún resulta un planteamiento casi imposible de imaginar, pero que, sin duda, tiene muchísimo sentido, y vamos a ver en un plazo bastante más corto del que muchos se esperan.

En esa naciente industria se puede discutir si Lyft será el líder, el segundo o el tercer competidor: Uber sigue una estrategia similar, va a recibir mucho dinero en su inminente salida a bolsa y es sumamente agresiva; el papel de la compañía china Didi, en fuerte expansión en otros mercados, no está aún completamente definido; y tampoco lo están las estrategias de los fabricantes de automóviles tradicionales, varios de los cuales están apostando por un futuro en el que no venderán sus productos a particulares sino que gestionarán flotas que los lleven de un sitio a otro. Sin duda, como en toda industria incipiente, hay muchos interrogantes. Prever el futuro no es sencillo y nadie tiene – que yo sepa – una bola de cristal que funcione adecuadamente, pero si en algo estoy de acuerdo con Andrew Left, es en que hay una forma segura de equivocarse: ignorando una megatendencia.


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