Netflix y la estrategia del traficante de droga…

Netflix y la estrategia del traficante de droga…

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By Enrique Dans

Durante mucho tiempo, el sistema operativo y los programas de Microsoft fueron, sin lugar a dudas, los más distribuidos irregularmente del mundo. En épocas pasadas, resultaba perfectamente normal comprar un ordenador y que el distribuidor directamente te instalase Windows y Office sin siquiera preguntarte, como lo era el que te lo prestase un amigo o que te llevases los diskettes o el CD del trabajo a tu casa para instalarlos en tus ordenadores personales.

La estrategia, sin duda, le salió muy bien a Microsoft. Invertir durante un tiempo tolerando que muchas personas obtengan irregularmente tus productos, para que, al cabo de un cierto tiempo, esas personas se hubiesen acostumbrado tanto a su uso, que prescindir de ellos les supusiese una barrera, y ante una cierta presión para evitar esa distribución irregular, tomasen la decisión de pagar por ellos. Es la llamada «estrategia del traficante de droga«: las primeras dosis son gratis, hasta que te enganchas lo suficiente como para pagar por las siguientes.

Claramente, Netflix tomó una página de ese manual, y la replicó de manera exacta con los mismos buenos resultados. En 2017, la compañía todavía decía sin empacho alguno en tweets desde su cuenta oficial que «amor es compartir una contraseña», invitando claramente a que las personas que viviesen juntas pagasen una sola cuenta, pero también a que los hijos siguiesen utilizando la cuenta de sus padres cuando se independizaban o a que los amigos diesen sus contraseñas a otros amigos.

Ahora, tras empezar a advertir a sus usuarios en todo el mundo de que su cuenta es para su uso personal, que pueden utilizarla en otros sitios cuando viajan o cuando están en una segunda residencia, pero que si la utilizan consistentemente en más de un sitio se les invitará a añadir a ese usuario adicional a un cierto coste, la estrategia ha surtido efecto: de acuerdo con la compañía de analíticas de uso Antenna, las suscripciones a Netflix se han disparado a partir del comienzo de la campaña contra el uso compartido de sus contraseñas, hasta el punto que han logrado el pico histórico más elevado de suscripciones desde que Antenna comenzó a rastrear sus datos en el año 2019.

En la ventana de cuatro días que siguió al comienzo de los avisos, la compañía obtuvo 73,000 nuevas altas en su servicio, lo que supone un incremento del 102% sobre la media de los sesenta días anteriores, y por encima de los picos que marcó el principio de la pandemia y de los confinamientos en marzo y abril de 2020. Las cancelaciones también aumentaron algo durante este período, pero no lo hicieron tanto como las suscripciones: el ratio de suscripciones a cancelaciones desde el 23 de mayo aumentó un 25.6 % en comparación con el período anterior de 60 días.

Regala y tolera, que algo queda. No, Netflix no es un servicio fundamental que necesitemos para vivir, pero una vez que te has acostumbrado a tener un suministro regular de entretenimiento y a comentar las series con tus amigos, la combinación del hábito generado y del efecto social resultante hace que si te ves en la tesitura de tener que prescindir de ello, no lo hagas y prefieras convertirte en usuario de pago abriendo tu propia cuenta. Y si el pago de la suscripción completa se te hace muy cuesta arriba, siempre puedes pagar algo más de la mitad y resignarte a la asquerosa experiencia de pasar a ver Netflix con publicidad: cinco millones de personas optaron por esta oferta, que supuso hasta un 25% de las nuevas altas.

Amor es compartir una contraseña… hasta que deja de serlo.

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