Mi vida descarbonizada: un balance energético comparativo

Mi vida descarbonizada: un balance energético comparativo

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By Enrique Dans

Hace un par de días me llegó un mensaje de una compañía con la que no tengo relación – más allá de haber coincidido en alguna conferencia – pero de la que tengo una imagen en general positiva, Holaluz, en el que hacía referencia a la publicación del primer informe de energía distribuida en España, un documento que explica el estado de este modelo en España ,dibuja una estrategia para alcanzar los objetivos del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) en 2030 y trata de calcular el potencial de este modelo.

Según la compañía, si fuésemos capaces de llenar los diez millones de tejados residenciales de España de paneles solares, se podría cubrir la totalidad de la demanda eléctrica creciente de los hogares, que supone un 26% de la demanda de electricidad total del país. En el sistema eléctrico tradicional, la electricidad se genera en grandes centrales y se transporta a través de cientos de kilómetros de redes hasta los puntos de consumo. En ese viaje se pierde en torno al 10% de la electricidad que se genera, un porcentaje aumenta al 18% para clientes residenciales al ser los que habitualmente se encuentran más lejos de las centrales.

Una estimación de la compañía me llamó bastante la atención: según sus cálculos, un hogar medio en España gasta al año en facturas de energía una media de 4,220 sumando la factura de electricidad, la factura del gas y la factura de la gasolina. El informe prevé que la transición energética terminará por eliminar la factura del gas y de la gasolina, y permitirá además pagar poco o nada por la electricidad gracias a la generación de nuestra propia electricidad en nuestros tejados.

Pues bien, y aquí viene la parte personal por la cual ese dato me llamó la atención: la suma de mis facturas de electricidad del pasado año 2023 ascendió a unos 1,400 euros (para una casa bastante más grande que la media), y refleja precisamente el patrón que avanza la compañía: únicamente pago facturas de electricidad, que durante buena parte del año se corresponden al mínimo porque no hay prácticamente consumo (soy autosuficiente incluyendo la carga del coche), y porque además de haber eliminado el consumo de gas, he eliminado también el de gasolina.

El efecto combinado de 17 paneles solares de 450W cada uno, unido al del inversor Sun2000 y la batería Luna2000 de Huawei, a un vehículo eléctrico Tesla Model 3 y a una instalación de aerotermia mantienen mi casa caliente en invierno, rebaja unos cuatro o cinco grados la temperatura en verano, nos proporciona agua caliente, electricidad para un amplio porcentaje de nuestras necesidades (entre un 30% y un 99% de autosuficiencia en función del momento del año) y alimenta el vehículo con el que voy a trabajar o viajo de manera habitual. Sin problemas, ni engorros, ni dramas de ningún tipo.

Esta época del año es especialmente bonita: aunque aún no hemos apagado la calefacción, el diferencial de temperatura exterior hace que gaste muy poco, lo que hace que abandonemos la práctica habitual en invierno de tener un programa que pone a cargar el coche por las noches en hora valle, y pasemos a cargarlo manualmente durante el día con la energía del sol, manteniendo aún así autosuficiencias ya muy razonables de alrededor del 70%. El mes siguiente, en nuestra experiencia hasta el momento, ya suele ser el primero en el que somos completamente autosuficientes.

Me ha resultado muy interesante ver cómo las previsiones de una compañía se alinean perfectamente con mi experiencia personal, y cómo, a lo largo del tiempo, las cosas podrían ir convergiendo en ese sentido. En los Estados Unidos, el diferencial de precio de los vehículos eléctricos con respecto a los de combustión interna se ha reducido muchísimo, y la comparación teniendo en cuenta coste total de propiedad (el diferencial del precio de gasolina frente a la carga de electricidad doméstica) y las fuertes diferencias de mantenimiento hacen que esa transición sea cada vez más sencilla y tenga más sentido económico para más personas. Si añadimos la cada vez mayor penetración de las bombas de calor (aerotermia) y el crecimiento en la instalación de paneles solares, empezamos a ver un panorama en el que, al menos, aparece algo de luz al final del túnel. Y en ese sentido, como profesor de innovación, estar pudiendo documentarlo antes de que ocurra de manera generalizada (y modestamente contribuir a ello compartiendo mi propia experiencia) está siendo un verdadero placer.

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