Las incógnitas de Apple Vision Pro
By Enrique Dans
A poco más de una semana para el lanzamiento de Apple Vision Pro el próximo 2 de febrero, las espadas están totalmente en el aire sobre la acogida que el mercado va a dar a la que podría ser una de las interfaces más diferenciales de la historia reciente de la computación… o quedarse en nada.
Con un precio de 3,500 dólares más accesorios como estuche de viaje, baterías o correas de sujeción adicionales a doscientos dólares la unidad, el dispositivo es una propuesta como mínimo arriesgada: unas especificaciones impresionantes, con 1TB de almacenamiento, un procesador M2 con ocho núcleos, un montón de sensores y 16GB de RAM, pero también con un peso, 650 gramos, que muchos estiman excesivo para un dispositivo que se lleva sujeto a la cabeza, y que es susceptible de provocar fatiga o dolor de cuello.
Además, un proceso de compra complejo, con cita previa y que dura como mínimo más de media hora entre toma de medidas, escaneo de las gafas para los que las utilizan y una larga demo de su uso con empleados especialmente adiestrados para ello. Además, varias de las que algunos veían como killer apps para fomentar el uso, como Netflix, YouTube o Spotify han anunciado que no ofrecerán aplicaciones para el dispositivo, y que los usuarios que quieran consumir contenido tendrán, por tanto, que hacerlo a través del navegador.
Por otro lado, los primeros usuarios que han tenido la oportunidad de probarlas durante un rato largo parecen haber tenido impresiones mayoritariamente positivas. La compañía, mientras tanto, habla de usos profesionales, de entrenamiento en áreas que van desde la enseñanza a la cirugía, y de cambios en la forma de trabajar derivados de la posibilidad de utilizar la nueva interfaz, y otros hablan del nuevo concepto de spatial computing como de la nueva plataforma revolucionaria cuyas implicaciones muchos aún se están perdiendo.
¿Qué podemos esperar en el lanzamiento, que además tendrá lugar únicamente para el mercado estadounidense? (tanto la activación del dispositivo como las compras requieren un Apple ID con la región fijada en los Estados Unidos, la adaptación solo admite prescripciones de oftalmólogos del país, y el propio dispositivo solo se envía al mercado doméstico) Es muy difícil saberlo. La compañía ha acelerado su cadena de suministro y su producción para poder hacer frente a una demanda desconocida, para un dispositivo que pretende reinventar una categoría que hasta ahora, pese a los intentos de compañías como Meta u otros, ha estado muy lejos de ser masiva, con un precio más elevado y unas posibilidades que pueden ir desde simples promesas, hasta sólidas realidades en las que se plantea que sustituya para muchos usos a la pantalla del ordenador.
¿Responderán las primeras cifras de ventas a las expectativas que la compañía tiene cifradas en este nuevo dispositivo y en esta nueva categoría?
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