Las dimensiones de la transición energética

Las dimensiones de la transición energética

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By Enrique Dans

En los Estados Unidos, la aprobación de la Inflation Reduction Act el pasado 2022 ha dado lugar a una lluvia de miles de millones de dólares para proyectos de instalación de energías renovables: paneles solares, instalaciones eólicas, baterías…

Buena parte de ellas se sitúan en instalaciones especializadas gestionadas por compañías dedicadas a la producción de energía, en una revolución sin precedentes alimentada sobre todo por el enorme diferencial de coste de la generación solar, pero un gran porcentaje corresponde a simples instalaciones domésticas de unas cuantas placas y una batería, con un crecimiento del 33% anual, que pueden contribuir a ahorros verdaderamente sustanciales en la factura energética sobre todo cuando incluimos ya no únicamente la electricidad, sino también la eliminación del gas o la gasolina. La sensación es realmente como pasar de la carestía a la abundancia.

Aclaradas ya las estúpidas desinformaciones que afirmaban que no había suficientes materiales en el planeta como para llevar a cabo un cambio del modelo energético, los paneles solares proliferan: en los tejados y las ventanas, sí, pero también encima de lagos y embalses, en canales, en escuelas, en aparcamientos, en cultivos y en infinidad de sitios más, modificando incluso las dinámicas geopolíticas de la energía.

Pero por supuesto, tanta inversión y tantas evidencias sobre lo interesante de la transición energética no evita que surja un problema muy evidente: la disponibilidad de trabajadores para llevar a cabo tantas instalaciones. En este momento, ante la necesidad de electrificarlo todo, si alguien realmente quiere una profesión con futuro, debería pensar seriamente en hacerse electricista. Solo en los Estados Unidos, se calcula que la industria solar pasará de los 230,000 a los 400,000 empleados durante esta década, y llegará a las 900,000 en el 2035. Si añadimos a los paneles solares las instalaciones de aparatos de aerotermia, tenemos un resultado muy interesante: los de electricista son los únicos puestos de trabajo que crecen en un sector de la construcción en marcado decrecimiento.

La transición verde supone un impacto en las estadísticas de trabajo norteamericanas de unos veinticinco millones de puestos durante los próximos quince años. Para los trabajadores en la industria del petróleo, una buena razón para abandonarla. Las startups europeas dedicadas a la instalación de energía solar en el entorno residencial han captado más de quinientos millones de euros en ayudas públicas a lo largo de 2022, y ahora necesitan imperiosamente trabajadores que puedan llevar a cabo esas instalaciones: la disponibilidad de electricistas e instaladores se convierte en un auténtico cuello de botella en un mercado en efervescencia.

Los planes son eso, planes. Pero a medida que se ejecutan, pasan a ser realidades: si la solar es la energía más barata y obtenerla solo requiere de una relativamente pequeña inversión inicial que dura en torno a veinticinco años sin deterioro apreciable en sus prestaciones, la transición es simplemente cuestión de lógica y de tiempo.

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