La Unión Europea y el liderazgo en regulación…

La Unión Europea y el liderazgo en regulación…

0

By Enrique Dans

Mi columna en Invertia de esta semana se titula «Regula, que algo queda…» (pdf), y trata de interpretar el furor de la Unión Europea por ser «los primeros en regular» cualquier elemento o tendencia tecnológica, y sus consecuencias de cara al futuro.

Posicionar una región como líder en regulación es una decisión estratégica compleja. En general, los posicionamientos de ese tipo se adquieren como consecuencia de otros aspectos, no de una manera consciente, aunque hay excepciones.

Resulta evidente que, como apunté en mi artículo sobre la Digital Markets Act (DMA) para el Center for European Policy Analysis (CEPA) hace un par de semanas, la herencia de la Common Law anglosajona ha posibilitado, con su menor escrutinio previo y su tolerancia a los posibles problemas hasta el momento en que estos se materializan realmente, un entorno generalmente más propicio para los innovadores y la innovación. Frente a ese entorno, que permite que las compañías desarrollen productos y servicios con una libertad prácticamente total que únicamente se ve coartada cuando se producen efectos claramente negativos (algo que, en ocasiones, produce auténticos monstruos), la Civil Law continental europea, vigente también en territorios como la América Latina, adopta una postura mucho más garantista, que trata de proteger al ciudadano de cualquier posible efecto negativo que el regulador pueda imaginar y que, además, reacciona de manera casi histérica ante cualquier atisbo de alarma social ante una innovación.

Frente a esa dicotomía, China supone un ejemplo interesante de adaptación: tras planificar cuidadosamente una estrategia basada en los costes laborales unitario bajos y convertirse en la fábrica del mundo, en el territorio capaz de inundar el mundo con productos Made in China, el país, que su gobierno maneja a todos los efectos como si fuera una gigantesca corporación, optó por un fortisimo golpe de timón hacia la innovación y la tecnología: del Made in China se pasa al Engineered in China, se estimula la investigación, la innovación y la generación de patentes – con el florecimiento de compañías como Huawei y otras con fuerte liderazgo en tecnologías específicas – y se apuesta por tener un control cada vez mayor de todos los eslabones de la cadena de valor, incluyendo aquellos que, como los chips o los robots, habían estado tradicionalmente en otras manos. Reducir esa dependencia de la tecnología extranjera se vuelve importantísimo, y justifica cuantiosas inversiones estatales destinadas a estimularlo.

Paralelamente, el país avanzó en una estrategia de acceso a su mercado: si la demografía te lleva a tener un mercado potencial enorme, impón las condiciones que quieras a las compañías que quieran acceder a él, que siempre tendrás interesados. Así, China se ha sentido perfectamente legitimada para denegar el acceso a ciertas compañías, copiar hasta la extenuación los productos de muchas otras, o imponer estructuras mixtas de capital o cuotas de directivos locales a muchas más. Si quieres entrar en mi mercado, esto es lo que hay.

Esa misma baza es la que juega ahora la Unión Europea: si quieres acceder a un mercado de 448 millones de habitantes con un poder adquisitivo medio muy superior al de otros, vas a tener que pasar por el aro, por las reglas que Margrethe Vestager y sus amigos tengan a bien marcarte. Si quieres puedes intentar discutirlas, pero te costará multas de varios cientos de miles de millones… cada vez que lo hagas. Además, la Unión Europea no parece haber estado tradicionalmente desacertada en sus políticas regulatorias, y de hecho, tiende a convertirse en modelo para otros países y territorios, como parece estar ocurriendo con legislaciones como las relacionadas con la privacidad o con el control de los monopolios.

Con la reciente DMA, la cuestión da un giro adicional: no solo ponemos las normas que queremos, sino que además, decidimos tranquila y arbitrariamente a qué conjunto de compañías afectan y a cuáles no mediante la designación de los llamados gatekeepers. Esos gatekeepers van a estar bajo escrutinio permanente, sometidos a una vigilancia especial, y pueden entrar o salir de ese «selecto club» (en el que ninguno quiere, en realidad, estar) en función de las vueltas que dé el mercado.

En la práctica, la estrategia de la Unión Europea es un intento de replicar el éxito de China, obtenido gracias a una explotación del privilegio del acceso a su mercado y de una planificación a largo plazo, libre de los vaivenes de los sistemas democráticos. Obviamente, Europa no puede prescindir de una democracia grabada a fuego en su tradición, pero sí puede intentar marcar prioridades y líneas de actuación a largo plazo que nadie en su sano juicio pueda discutir, como la aspiración de convertirse en un líder en computación cuántica.

Ahora bien, y esta es la gran pregunta: ¿es posible que esas líneas de actuación emerjan de un liderazgo en regulación? Sinceramente, me parece que no. Que en último término, el éxito de esas líneas de actuación no depende tanto de la regulación como de la innovación, un aspecto que en la Unión Europea resulta como mínimo laborioso, cuando no inmensamente complejo. En muchos sentidos, Bruselas es una enorme constelación de lobbies siempre dispuestos a proteger a los incumbentes de cualquier startup atrevida y pujante que se plantee hacerles frente, que se crea capaz de redibujar algún panorama competitivo. Y es esa confianza en las grandes empresas, ese orgullo de «lo grande por lo grande» (cuando en realidad, «lo grande» suele identificarse con «lo más burocrático», «lo más esclerotizado» o con «el mayor nivel de isomorfismo«) y esa sobreprotección de quienes menos lo necesitan es lo que coarta la aparición de verdaderos polos de innovación, de constelaciones de startups en el continente.

No, ese problema no lo soluciona la regulación. La regulación no «produce» nada, ni productos innovadores, ni servicios pujantes, ni startups dispuestas a crearlos. La regulación solo produce reglas, más o menos difíciles de cumplir, que algunos van aprendiendo a retorcer para que les estorben lo menos posible. Y de hecho, tengo mis dudas sobre que la estrategia de «ser líder en regulación» conduzca realmente a algún sitio interesante. Ahí lo dejo.

Puedes leer el artículo completo en: : La Unión Europea y el liderazgo en regulación…

COMENTARIOS

Leave a Reply