La singularidad tecnológica ya está aquí
By Enrique Dans
Fede Durán, de Actualidad Económica, me llamó para hablar sobre la dependencia de las máquinas y las maneras en las que el entorno hiperconectado que nos rodea pueden llegar a afectarnos, muy al hilo de las tesis de Nicholas Carr al respecto que en su momento ya comenté en un artículo que me solicitaron para el diario El País.
En su artículo, titulado “¿Esclavos de las máquinas?” (pdf), Fede analiza muchos de los que para mí son mitos en la relación entre persona y máquina, una relación que, desde mi punto de vista, solo se puede analizar cuando se alcanza un cierto equilibrio. Por supuesto, la dependencia parece negativa cuando se estudia en el contexto de unos cambios que no están aún optimizados, que no han incorporado nuevas metodologías de aprovechamiento de la tecnología o que contravienen algunos patrones culturales muy arraigados. Pero eventualmente, cuando los procesos de adopción se completan, el resultado final es – o ha sido siempre – netamente positivo, y las objeciones iniciales se prueban propias de agoreros.
El otro asunto que se insinúa en el artículo es el de la singularidad tecnológica, un concepto que me parece interesantísimo y que se suele definir como “un posible acontecimiento futuro en el que, según se predice, el progreso tecnológico y el cambio social se acelerarán con el desarrollo de una inteligencia sobrehumana de tal manera que ningún ser humano anterior a dicho acontecimiento podría comprenderlo o predecirlo”. Y ese momento, en algunos sentidos, ha llegado ya. En machine learning, por ejemplo, los algoritmos y modelos predictivos más importantes ya no se plantean como constreñidos por la capacidad de un humano para entender su funcionamiento, sino que simplemente se evalúan en función de su eficiencia a la hora de ofrecernos resultados. Se convierten, en muchos sentidos, en una caja negra cuyo funcionamiento no nos planteamos, capaz de enfrentarse al análisis con mucha más potencia que el cerebro de las personas, y de contribuir a procesos de toma de decisiones mejor que muchos directivos. De eso a la singularidad tecnológica, a que la máquina sea capaz de mejorarse a sí misma o de obtener por sus propios medios los datos que necesita, no va tanta distancia. Ahí lo dejo. Al menos por hoy.
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