La salida a bolsa de Dropbox y la importancia de una estrategia de innovación coherente
By Enrique Dans
Pilar Blázquez, de La Vanguardia, me llamó para hablar sobre la salida a bolsa de Dropbox, una compañía sobre la que he escrito recientemente y a la que he tenido como invitada en mis cursos de innovación, y ayer incluyó algunos de mis comentarios en su artículo titulado “Las claves de éxito de Dropbox, que hoy debuta en el Nasdaq“.
La salida a bolsa de Dropbox es uno de esos momentos que los interesados en el mundo de la tecnología deben tener bajo control: se lleva a cabo en un momento malo, con la incertidumbre de una posible guerra comercial con China y los recientes escándalos de Facebook lastrando el mercado, pero junto con la de Spotify el próximo 3 de abril, serán las que proporcionen una idea de las perspectivas actuales de la industria y de las expectativas del mercado sobre ella. En números, la operación deja pocas dudas aparentes: un precio conservador, $21, por debajo de la última valoración privada de la compañía, que se esperaba fuese aún más prudente, pero que se elevó debido a la fuerte demanda de los inversores institucionales, que obviamente ven a la compañía como una buena inversión.
Tras la salida, el precio se elevó más de un 40%, llegó a los $29, y cotiza, en el momento de escribir esto, a $28.48. Si bien la evolución en las primeras horas de cotización no necesariamente refleja el estado de la compañía y puede mostrar una volatilidad elevada, hablamos de una compañía con un valor de más de 11,000 millones de dólares, y resulta interesante plantearse cómo Dropbox ha llegado hasta aquí.
Una idea surgida en el MIT en 2017 a partir de la necesidad de sus fundadores: uno de ellos, Drew Houston, olvidó una memoria USB con archivos que necesitaba en Boston en un viaje a Nueva York y diseñó junto con su cofundador, Arash Ferdowsi, una manera más adecuada de trabajar para evitar ese tipo de problemas, basada en la nube. A partir de ahi, un paso por la Y Combinator de Paul Graham que la ha utilizado como una prueba de su metodología, y un apoyo firme y decidido de su primer inversor importante, Sequoia, que participó en cada una de sus cuatro rondas de inversión y recoge ahora importantísimos beneficios gracias a ello.
Quinientos millones de usuarios registrados, once millones de ellos de pago, y un producto principal en vías de comoditización con importantes competidores como Google, Microsoft, Amazon o Box.com, que inciden en la misma idea de proporcionar espacio en la nube. Frente a esto, una hoja de ruta en la que la propuesta de valor de la compañía se sofistica notablemente y planbtea toda una manera de trabajar, de herramientas de colaboración muy interesantes, y con un control férreo de su tecnología, cuya integración se planteó entre 2014 y 2016 y la llevó a abandonar los servicios de almacenamiento de Amazon AWS, en donde habían alojado los contenidos de sus usuarios desde el origen de la compañía en 2007, y a construir su propia red de centros de datos e infraestructuras. Una decisión sin duda arriesgada y compleja, que desafía la conocida máxima del “hardware is hard”, y que ha permitido a la compañía ahorrar en torno a los 75 millones de dólares, convirtiéndose en uno de los factores fundamentales en sus perspectivas de rentabilidad. Una rentabilidad que se plantea a largo plazo: Dropbox, hasta el momento, nunca ha tenido beneficios. En 2017 perdió $112 millones, lo que supuso un recorte frente a los $326 millones que perdió en 2015 y los $210 millones de 2016, pero los ingresos muestran un crecimiento saludable ($1,11o millones en 2017 frente a $845 millones en 2016), y la compañía mantiene flujos de caja libres positivos desde 2016.
Una compañía exitosa, con un crecimiento sano y sostenido, que ha dejado pasar más de una década entre su fundación y su salida a bolsa, y que me resulta enormemente interesante por uno de los factores que más valoro: una cultura de innovación fuerte y sostenida en el tiempo, impulsada desde todos los estamentos y niveles de la empresa, que condiciona claramente en positivo su capacidad para atraer y retener talento, para ser dueña de su propia hoja de ruta a pesar de estar rodeada de gigantes. Lo que Dropbox esté en condiciones de llegar a ser no depende tanto de la genialidad de la idea inicial, como de la coherencia y brillantez de su estrategia y de su cultura de innovación. Veremos como la trata el mercado en el futuro.
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