La interesante ruta de la reconversión
By Enrique Dans
Un muy buen artículo en The New York Times, «What happened when a German car factory went all electric«, ilustra lo ocurrido en la ciudad alemana de Zwickau, en Sajonia, cuando su enorme factoría de Volkswagen, que genera más de diez mil empleos directos y decenas de miles de empleos indirectos, tomó la decisión de reconvertirse para la fabricación exclusiva de vehículos eléctricos.
Un proceso que se encuadra dentro de lo que Der Spiegel denomina «la crisis existencial de la industria automovilística germana«, que se está viviendo también en otros países y zonas muy dependientes de la industria del automóvil como Ohio en los Estados Unidos, y que según muchos analistas iba a significar una auténtica debacle, con despidos masivos y un empobrecimiento generalizado, y que en la práctica, al llevarse a cabo, ha ocasionado… nada.
¿Qué quiere decir exactamente nada? Pues que básicamente, aunque muchos empleos cambien y tanto la tecnología como las cadenas de montaje se modifiquen, la industria del automóvil es razonablemente buena a la hora de re-cualificar a su personal, y que puede de hecho negociar y asumir, como hicieron en el ejemplo alemán, que no habría despidos de empleados full-time hasta el año 2030. Ni caída del empleo, ni quiebras de las compañías auxiliares, ni nada. Simplemente, una evolución que supone una adaptación a los tiempos, y que intenta desesperadamente llegar a tiempo cuando empiezan a ver no solo cada vez más vehículos Tesla circulando por sus ciudades, sino también cada vez más BYD, más SAIC y de otros fabricantes chinos.
La industria tradicional del automóvil se ha dejado ganar la posición en un mercado con tendencias absolutamente imbatibles, y ahora intenta correr para cubrir un déficit generalizado que genera un desfase cada vez más llamativo. Los que pensaban que el dominio de Tesla solo duraría hasta que las empresas de automoción tradicionales empezaran a fabricar vehículos eléctricos no podían estar más equivocados: la amenaza son ahora unos vehículos eléctricos chinos cada vez más baratos y más populares en cada vez más mercados, que aterrorizan a algunos países y llevan a otros a plantearse prohibirlos.
¿La buena noticia? Que la transición puede hacerse, y que no tiene que generar tremendas catástrofes, pérdidas masivas de empleos y quiebras generalizadas de proveedores. Las empresas y los trabajadores, simplemente, se adaptan. Ahora que sabemos que la industria tradicional ha estado viviendo en un sueño onírico y contándonos todo tipo de mentiras y estupideces durante más de una década, es el momento de cambiar. Ahora resulta que los terribles problemas que traería la reconversión al vehículo eléctrico eran, igualmente, otro mito más. Porque cada día está más claro: las catástrofes no vendrán del cambio… vendrán precisamente de no cambiar.
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