La guerra de la comunicación y las octavillas digitales

La guerra de la comunicación y las octavillas digitales

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By Enrique Dans

El uso de tácticas de guerra psicológica para hacer llegar información a los ciudadanos de un país enemigo durante las guerras es muy antiguo. De hecho, hay incluso quienes afirman que el término que define a esas octavillas en inglés, flyers, proviene del uso de la aviación para dejar caer esas pequeñas hojas de papel con mensajes destinados a influenciar a la población en zonas en conflicto.

En el caso de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, una guerra protagonizada por un psicópata del siglo XX obsesionado con el control de los medios, podemos ver claramente la importancia de la información: las tácticas de desinformación puestas en práctica por Vladimir Putin están siendo capaces de mantener a su población no solo en la más absoluta ignorancia de las atrocidades cometidas por su ejército en Ucrania, sino incluso de mantener un significativo nivel de apoyo a la guerra.

El control de los medios de comunicación tradicionales, unido al que se ejerce sobre páginas como la del buscador Yandex, o de VK y otras redes sociales, y al uso masivo de bots o de campañas de influencers ha logrado que una parte importante de la población rusa mantenga el apoyo a Putin y siga sosteniendo tesis demenciales como que la guerra de Ucrania era imprescindible para librar al país de un supuesto regimen nazi, que los ucranianos están recibiendo a sus libertadores con los brazos abiertos, y que las sanciones internacionales son producto de algún tipo de confabulación anti-rusa.

Así, ante un bloqueo informativo total de la población rusa producto tanto de la salida del mercado ruso de compañías y medios occidentales como de las acciones de censura del propio gobierno del país, tratar de hacer llegar mensajes con información real a la población se convierte en algo fundamental para tratar de estimular las protestas internas y debilitar el apoyo a Vladimir Putin. Pero obviamente, estamos en pleno siglo XXI, y las antiguas campañas de octavillas lanzadas desde aviones ni tendrían ahora demasiado sentido, ni son siquiera posibles dada la configuración del conflicto.

¿La solución? Convertir las octavillas en digitales. Campañas como la de Anonymous alcanzando medios de comunicación e incluso páginas de servicios gubernamentales rusos y logrando hacer operaciones de defacing de los mismos tratan de hacer que los ciudadanos rusos puedan obtener evidencias de que la realidad no es la que les pintan los medios de comunicación de su país, y puedan replantearse su apoyo a un líder que está hundiendo literalmente la economía del país y provocando la que va a ser, sin duda, la peor crisis de su historia.

Un grupo de programadores polacos ha puesto en marcha una página, 1920.in, cuyo título hace referencia a la guerra entre Rusia y Polonia, en la que cualquier usuario puede enviar un mensaje en ruso, bien elegido de una serie de mensajes propuestos o bien escribiéndolo desde cero, a móviles rusos elegidos al azar de una base de datos. Otros están utilizando otras redes originalmente diseñadas para otros propósitos, como Tinder, Google Maps, o Tripadvisor, mediante evaluaciones de negocios en Rusia (Google ya ha cerrado esa posibilidad), comentarios, etc.

La idea es alcanzar a una población sometida a un bloqueo informativo, que por un lado puede estar completamente convencida de la veracidad de las versiones que reciben, y por otro puede que incluso no quiera recibir otras versiones alternativas, pero que puede jugar un papel importantísimo a la hora de debilitar el apoyo a quien cometió la irresponsabilidad de iniciar la contienda. Fuera de Rusia, la batalla de la comunicación entre un líder del siglo pasado, distante y autoritario, y uno del siglo XXI con experiencia como actor y proximidad absoluta en sus mensajes está completamente decantada. Pero dentro de Rusia, esa batalla está aún por decidir.

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