La geolocalización y el tráfico

La geolocalización y el tráfico

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By Enrique Dans

Un interesante artículo en The New York Times, «Can controlling vehicles make streets safer and more climate friendly?«, describe los desarrollos que el gobierno sueco ha ido poniendo en marcha, sobre todo a partir del atentado terrorista con un camión que tuvo lugar en Estocolmo en abril de 2017, en torno al uso de tecnologías de geovallado o geofencing para vehículos, y especula con la posibilidad de que ese tipo de tecnologías terminen siendo de uso obligatorio no solo para impedir ese tipo de uso terrorista o de accidentes, sino para muchas otras cosas.

A medida que la tecnología lo hace posible, la idea de un vehículo conectado capaz de ser consciente de su posición y de utilizarla para todo tipo de cuestiones parece hacerse más y más interesante: vehículos híbridos que son obligados a conmutar a uso eléctrico cuando entran en zonas de cero emisiones, que limitan su velocidad automáticamente en función de las características de la vía o directamente impedir su paso si procede.

La posibilidad, basada en la eliminación de grados de libertad al usuario del vehículo en función de intereses que van desde la seguridad al medio ambiente, entronca con la idea de vehículos que no solo no superan los límites de velocidad o las normas de circulación, sino que directamente no pueden plantearse hacerlo por una limitación tecnológica.

Las normas de circulación pasan de estar simplemente en un código, a estar en una nube a la que los vehículos tienen necesariamente que estar conectados para poder circular, y que establece las limitaciones correspondientes. La aproximación de Suecia, uno de los países con una tasa de accidentalidad más baja del mundo, se basa en eliminar la posibilidad del error humano y confiar cada vez más cosas al software y a las limitaciones establecidas por el mismo: tanto si pretendes estampar un camión contra un edificio o meterlo por una calle peatonal, como si simplemente quieres circular más rápido de lo establecido, te encontrarías con que tu vehículo, simplemente, te impide hacerlo. Programas como Vision Zero tratan de desarrollar una enfoque basado no en la aproximación individual de un conductor que puede cometer errores, sino de una visión sistémica que trata de impedirlos y de minimizar sus efectos.

En proyectos piloto de geofencing que están siendo desarrollados en el país nórdico, por ejemplo, se limitan las entregas de mercancía en determinadas zonas al horario nocturno con el fin de reducir la congestión, y se obliga a pasar a conducción eléctrica para reducir el ruido derivado de la circulación y facilitar el descanso de los vecinos, todo ello de una manera automatizada.

La implantación obligatoria del Intelligent Speed Assistance (ISA) en la Unión Europea a partir del mes de julio de este 2022 en todos los vehículos nuevos es un paso más en la adopción de este tipo de medidas, con una dirección muy clara: las normas de circulación afectan a la seguridad de todos, y respetarlas no es algo que pueda ser simplemente dejado a la libertad del conductor o castigado con una simple multa: hay que convertirlas en algo que hay que respetar sí o sí.

Lo comenté hace ya bastante tiempo: el futuro de la automoción es que los vehículos estén permanentemente conectados, respeten las normas de circulación porque no tienen más remedio que hacerlo, o incluso registren automáticamente las infracciones si las cometen. El geofencing no va a ser, en ese sentido, más que una tecnología más de las muchas que utilizaremos para posibilitarlo.

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