La destrucción de puestos de trabajo por la automatización: no tan rápido…

La destrucción de puestos de trabajo por la automatización: no tan rápido…

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By Enrique Dans

En la foto, un robot de Amazon. Originalmente creado por Kiva Systems tras la mala experiencia de su creador, Mick Mountz, con los costes de logística de Webvan, que terminaron llevándola a la quiebra, la compañía fue adquirida por Amazon en marzo de 2012 por 775 millones de dólares, que dejó expirar los contratos que tenía con grandes compañías de distribución como The Gap, Walgreens, Staples, Office Depot, Crate & Barrel o Saks 5th Avenue, la puso a trabajar exclusivamente para sus almacenes y la rebautizó como Amazon Robotics.

El diseño del robot, de unos 40 centímetros de alto y apoyado en un conjunto motriz de seis ruedas, esta pensado para moverse con soltura bajo las estanterías de los almacenes y desenroscarse, elevándola unos pocos centímetros del suelo, cuando está bajo la estantería que necesita transportar. Cada robot pesa unos 145 kilos, y puede desplazar sobre él estanterías cargadas con hasta 315 kilos. Cuando su batería desciende de un determinado nivel, simplemente van y se enchufan ellos solos a su estación de carga.

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Recientemente, Amazon anunció que había incrementado su ejército de robots en un 50%: en diciembre de 2014, la compañía tenía 15,000 robots en diez almacenes, que pasaron a ser 30,000 en diciembre de 2015, y 45,000 en 20 almacenes en diciembre de 2016.

Además, Amazon anunció recientemente el lanzamiento de su tienda Amazon Go en la que desaparecen los cajeros, sustituidos por una app que permite la identificación del cliente, y por un conjunto de cámaras y sensores en un sistema que utiliza visión artificial, fusión de datos y aprendizaje profundo para identificar cuando este toma cualquier producto de una estantería o lo devuelve a ella. Los cajeros de tiendas y supermercados, según las últimas encuestas de población activa norteamericanas (2014), proporcionaban empleo a unos tres millones y medio de personas en los Estados Unidos, con un salario de unos $19,310 anuales ($9.28 por hora), y con un crecimiento anual estimado en la generación de empleo de un 2% anual, por debajo de la media global.

¿Qué cabe esperar de una compañía que incrementa a un fuerte ritmo la cantidad de robots que trabajan en sus almacenes, que elimina a los cajeros de las tiendas o que envía algunos de sus paquetes mediante drones autónomos en lugar de hacerlo mediante un repartidor tradicional? Cualquiera a quien se le haga esta pregunta esperaría, probablemente, una reducción del número de personas empleadas por la compañía. Sin embargo, sorpresa: Amazon acaba de anunciar su intención de incorporar a unas cien mil personas a tiempo completo en los próximos 18 meses, entre puestos de logística y de tecnología, uniéndose a la oleada de compañías que anuncian masivos planes de expansión de puestos de trabajo para evitar, entre otras cosas, el acoso de la administración Trump. La compañía incrementará su plantilla desde los 180,000 a los 280,000 trabajadores en los Estados Unidos. En el año 2011, Amazon empleaba a unas 30,000 personas. Y para el contraste, otro dato: los que sí han disminuido el número de trabajadores de manera consistente a lo largo de los últimos años han sido las empresas de distribución tradicional.

El proceso tiene lugar no solo a ese nivel, sino en otros: en la zona de la bahía de San Francisco, un cierto número de taxistas han ido perdiendo sus puestos de trabajo a medida que compañías como Uber o Lyft se han convertido en la alternativa de transporte preferida por más y más usuarios. Sin embargo, esas compañías se encuentran actualmente entre los mayores generadores de empleo de la zona – solo Uber da trabajo a más de veinte mil conductores en el área, un número muy por encima de los taxistas que existían antes de su llegada, y eso sin tener en cuenta el empleo adicional generado por estas compañías en puestos de gestión o de tecnología. Eventualmente, los taxis dejarán de emplear conductor y se convertirán en vehículos autónomos, pero actualmente, poco se podría decir en términos de destrucción neta de puestos de trabajo.

¿Cómo se explica que una compañía absolutamente emblemática en su proceso de robotización como Amazon genere empleo a esos niveles? No, no hablamos de una paradoja, sino más bien de un efecto que algunos investigadores como Jeremy Rifkin, a quien recientemente tuve la oportunidad de ver en Detroit, mencionan en sus predicciones: que la automatización, de manera inmediata, no genera una destrucción neta de puestos de trabajo sino un incremento de los mismos, a medida que se vuelve necesario adaptar cada vez más procesos y estructuras al trabajo automático. Así, un desarrollo como el paso de la generación centralizada de energía eléctrica a un sistema distribuido requiere el trabajo de miles de personas para adaptar los hogares de un país a los requerimientos de aislamiento y de instalación de placas solares, del mismo modo que conectar nuestras carreteras para el despliegue de los vehículos autónomos precisa de trabajadores para llevar a cabo esos tendidos.

Un elemento más a considerar cuando calculamos los efectos a nivel macro de la tecnología: eventualmente, es posible que muchas cosas que a lo largo de nuestra vida siempre hemos visto hacer una persona pase a hacerlas un robot, pero eso no impide que el despliegue de esa tecnología requiera de una gran cantidad de puestos de trabajo humanos, en tareas que difícilmente serán automatizadas. El efecto de destrucción de empleo, por tanto, no es tan inmediato ni tan evidente, y mucho menos justifica el desarrollo de políticas que defiendan actitudes tecnófobas o luditas que, de ser adoptadas por determinados territorios o administraciones, únicamente terminarían generando desventajas comparativas al ser adoptadas por otras. Una cuestión más que incorporar a los miedos irracionales de determinados políticos y gestores públicos, horrorizados ante la idea de manifestaciones de trabajadores que se quedan sin trabajo sustituidos por el robot de turno. Sí, el proceso tendrá lugar a determinados niveles, pero la idea de mantener a esos trabajadores en sus puestos simplemente porque “algo tienen que hacer” cuando existe tecnología para llevar a cabo esas tareas mejor y más económicamente se convierte en cada día más absurda.

No, las cuentas no son tan sencillas y evidentes como algunos parecen creer. Antes de extraer conclusiones fáciles, va a haber que leer y estudiar mucho más…

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