Internet, la universalidad y el retrato del mundo actual
By Enrique Dans
Ayer, el gobierno de Pakistán levantó una prohibición sobre YouTube que duraba desde el pasado septiembre de 2012, más de tres años, cuando algunas copias de una película titulada “Innocence of Muslims“, que critica y ridiculiza el Islam, aparecieron en la página. ¿Qué ha llevado al gobierno del país, más de tres años después, a finalizar la prohibición? Muy sencillo: que la compañía ha accedido a las demandas de la Pakistan Telecommunication Authority (PTA) y ofrece ahora una versión de YouTube específica para Pakistán, en la que este organismo puede hace peticiones directas de bloqueo de contenidos, que son bloqueadas de manera inmediata.
Detengámonos un momento a pensar en la cuestión: hablamos de un país en el que, como es el caso en unos cuantos más, la blasfemia es un delito que puede llevar acarreada la pena de muerte, y en el que quien decide lo que es o no una blasfemia es un poder religioso que se mezcla de manera indisoluble con el poder político, y que parece sustentado por una amplia mayoría de la población. Un país que no ha levantado su prohibición sobre un servicio de vídeos en la red hasta que este no ha accedido de manera inequívoca a su voluntad de control absoluto sobre los contenidos, que exige su derecho a su particular versión de la página, conforme a lo que consideran sus normas. Ni derechos humanos, ni libertad de culto, ni libertad de expresión, ni nada por el estilo: sus normas. Allí, no hay otras.
Cuando empezamos a utilizar internet, cuando se convirtió en una realidad con una difusión creciente, muchos vimos en ella una red verdaderamente universal, una herramienta poderosa para hacer un mundo mejor. La realidad ha sido terca y obstinada: el entorno sociopolítico del mundo en que vivimos no está preparado para algo así. El mundo actual no admite conceptos universales: lo que en algunos países forma parte de la libertad de las personas, en otros conlleva penas para algunos tan inaceptables como la muerte, o castigos como los latigazos. ¿De qué hablamos? ¿De países que han evolucionado con el tiempo y han desarrollado un consenso claro sobre lo que deben ser las libertades de las personas, frente a otros que están quinientos años por detrás? ¿O del derecho inalienable de los pueblos a decidir sobre sus leyes, culturas y costumbres, aunque a otros nos parezca sencillamente alucinante o completamente inaceptable en función de normas que consideramos universales? ¿Dónde están los límites de la corrección política que nos lleva a asumir que esas realidades van a ser así y no hay otro remedio que aceptarlas como están?
La pregunta es clara: la decisión de desarrollar una versión específica de YouTube para Pakistán sometida a sus deseos de retirada de contenidos… ¿es buena o mala para los pakistaníes? ¿Es mejor para Pakistán tener acceso a unos contenidos incompletos en YouTube que no tener acceso a nada? ¿O es mejor que la ausencia de YouTube les evidencie que viven en un país “diferente”? ¿Son esos países anomalías que debemos esforzarnos en corregir, poniendo todos los medios para que sean conscientes de sus carencias, o diferencias que debemos esforzarnos por entender y aceptar, ofreciéndoles todas las posibilidades de adaptación? Google se retira de China en enero de 2010 porque considera inaceptables las reglas de un gobierno que exige unos niveles de control determinados sobre los contenidos y las actividades de sus ciudadanos en la red, pero retorna a Pakistán en enero de 2016 porque considera que las reglas de un gobierno que exige unos niveles de control determinados sobre los contenidos y las actividades de sus ciudadanos en la red sí lo son. ¿Cuál de las aproximaciones a la cuestión tiene más sentido? ¿Cuál es más lógica? ¿Está Google ya preparando su vuelta al mercado chino? ¿Debemos renunciar a normas que consideramos universales, como los derechos humanos, la libertad religiosa o la libertad de expresión, en función de… qué? ¿De un interés empresarial? ¿De los deseos de impulsar un cambio que haga avanzar a esos países o los lleve a reflexionar sobre sus circunstancias? ¿Era internet un sueño de universalidad que la realidad del mundo demostró imposible?
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