Huyendo hacia Irlanda
By Enrique Dans
Twitter sigue los pasos de Facebook: anuncia que divide a sus usuarios entre norteamericanos y resto del mundo, mantiene a los primeros dependientes de Twitter, Inc. en su sede de San Francisco, y pone al resto bajo la jurisdicción de Twitter International Company en Dublín.
El movimiento, aunque no se diga de forma expresa, tiene como finalidad principal evitar la vigilancia directa de la NSA: a partir de ahora, este organismo no podrá exigir de manera directa el acceso a los datos de aquellos usuarios – el 77% del total, alrededor de trescientos millones de cuentas – que no estén bajo jurisdicción norteamericana, un cambio que afecta también a usuarios de otras aplicaciones de Twitter como Vine o Periscope. Además, el movimiento protege a la empresa de posibles cambios legislativos referentes a la privacidad, que podrían llegar a restringir el intercambio de datos de usuarios europeos con anunciantes norteamericanos.
Que empresas como Facebook o Twitter hagan las maletas y se lleven a Irlanda las cuentas de sus usuarios no norteamericanos es una de esas cuestiones que debería hacernos pensar en cómo los países trabajan para construir determinadas ventajas comparativas. En la base del éxito irlandés a la hora de atraer empresas tecnológicas está indudablemente una fiscalidad ventajosa que tiene ya fecha de caducidad, pero que tras bastantes años de funcionamiento, nadie duda que ha resultado enormemente eficaz a la hora de generar un rico tejido productivo y de generación de riqueza en el país. Que las empresas pagasen menos impuestos en Irlanda le ha salido al país muy a cuenta: al promover la radicación de empresas en su suelo, ha conseguido cobrar muchos más impuestos totales, ha conseguido adaptar su sistema educativo para favorecer la empleabilidad de sus jóvenes, ha dado lugar a un rico ecosistema de startups con actividad en otros países, y ha generado una gran cantidad de empleo especializado de alto valor añadido. Pero además, el país ha sabido convertirse en un lugar interesante también por otros motivos: la legislación sobre privacidad es mucho más tolerante que en el resto de Europa, lo que resulta enormemente interesante para toda aquella empresa que pretenda generar ingresos mediante publicidad.
Estados Unidos no va a dejar de ser un polo fundamental de innovación y desarrollo empresarial. Pero que las empresas norteamericanas se vean prácticamente obligadas a poner a salvo a sus usuarios internacionales llevándose sus cuentas a otros países debería ser un motivo de preocupación. Mientras, España mantiene lo peor de todos los sistemas: una educación muy poco competitiva, un gobierno que únicamente visualiza la tecnología como evocadora de temas negativos, unas leyes impredecibles y en manos de lobbies de empresas “de toda la vida”, una legislación de privacidad increíblemente incómoda y restrictiva, un mercado de trabajo sujeto a una legislación laboral rígida y comparativamente inferior a la de otros países de su entorno… ¿alguien pensaría en traer su empresa tecnológica al país en el que nació el absurdo “derecho al olvido”, al único sitio en el que Google News ha tenido que cerrar, o a un país donde se pretende que haya que pagar por enlazar?
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