Google es un monopolio predatorio: ¿y ahora qué?

Google es un monopolio predatorio: ¿y ahora qué?

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By Enrique Dans

Un documento de 160 páginas de la Federal Trade Commission (FTC) del año 2012 filtrado a The Wall Street Journal viene a probar lo que muchos llevamos mucho tiempo afirmando: que Google hace un uso predatorio de su condición de monopolio en la búsqueda con el fin de perjudicar a posibles competidores. No solo que lo hace, sino que, además, la FTC lo sabía, recomendó claramente y por escrito proceder judicialmente contra la compañía y, sin embargo, se limitó a desestimar el tema y cerrarlo con sanciones mínimas. Básicamente, no hizo nada.

El documento demuestra claramente que la compañía incurre en todas las prácticas de las que ha sido acusada durante los últimos años: extrajo información de competidores (scraping) aprovechando su privilegiada posición de motor de búsqueda al que estos tenían forzosamente que abrir sus contenidos para que estos fuesen encontrados, perjudicó artificialmente la posición de estos competidores en sus resultados, y al revés, manipuló esos mismos resultados para situar sus servicios en posiciones más visibles, cuando no directamente los situó en lugares privilegiados sin más explicación. Estas maniobras no solo perjudicaron a sus competidores y beneficiaron sus servicios, sino que además fallaron en su teórica misión de cara a los usuarios, ofreciendo resultados que no eran los más relevantes en sus búsquedas.

Más alarmante todavía resulta el hecho de que estando toda esta información en un informe de la FTC, el regulador tomase la decisión de no hacer prácticamente nada al respeto. Que la causa sea la fortísima inversión en lobbying de la compañía o algún tipo de instrucción de estamentos políticos superiores no es lo importante ahora: el caso es que Google no solo ha falseado su misión, “to organize the world’s information and make it universally accessible and useful”, y su lema, “don’t be evil”, sino que además, le ha salido prácticamente gratis, tanto en los Estados Unidos como en Europa.

Competir con Google es prácticamente imposible. Si te esfuerzas por ofrecer un servicio en la web y te va bien haciéndolo, tu crecimiento llamará su atención, y en no mucho tiempo, desarrollará un servicio similar, utilizando si hace falta para ello la información que extrae de tus propias páginas – páginas que no puedes evitar que vea, porque eso conllevaría no salir en sus resultados y convertirte en completamente invisible, lo que equivale en la practica a cometer un “SEOcidio”. Durante muchos años, Google ha llevado a cabo esta estrategia sin ningún tipo de pudor: con negar los hechos, por evidentes que estos fuesen, le ha bastado. Cuando empezó a sentir que el cerco se cerraba un poco, pasó a tratar de disimular mediante la adquisición de compañías: la compra de Zagat, por ejemplo, tiene todo el aspecto de ser un claro caso de intentar probar que tenía acceso a datos propios, y que no estaban simplemente copiando y reutilizando los de otros competidores.

No contenta con alterar arbitrariamente los resultados de sus búsquedas para beneficiar sus servicios y perjudicar a sus competidores, la compañía ha pretendido blindarse para poder hacerlo con impunidad: recientemente, ha obtenido un importante triunfo judicial cuando sus páginas de resultados han pasado a ser consideradas una publicación protegida por la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, lo que autoriza a la compañía a manipularlas.

Google es una compañía que, en muchos sentidos, ha cambiado la forma en que accedemos a la información, la manera en que muchos trabajamos, y muchas cosas más. Sin duda, la idea que Larry Page y Sergey Brin tuvieron de aplicar un criterio social a las búsquedas para así construir la relevancia de la misma manera en que se hacía en el mundo académico con el citation index ha cambiado el mundo tal y como lo conocemos. Pero al tiempo, Google ha superado la marca que batió Microsoft, que necesitó veinticinco años para convertirse en un monopolio predatorio: Google tan solo ha necesitado quince – en realidad, unos cuantos menos. Preocupante si consideramos que el ese tan poco honorable récord había sido ostentado anteriormente por IBM, que consiguió evitar sanciones por competencia monopolística predatoria a los aproximadamente cincuenta años de su constitución, y por AT&T, que las sufrió aproximadamente a los cien años de su fundación como Bell Labs. Que los monopolios predatorios se obtengan y se exploten cada vez más rápido solo puede significar una cosa: los consumidores necesitamos más protección.

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