Francia y la uberización
By Enrique Dans
Orlando Torricelli, de Radio France Internationale, me llamó por teléfono el pasado viernes para hablar sobre los recientes acontecimientos violentos en París y la violencia desatada por los taxistas que, una vez más, protestan contra Uber, concretamente contra su servicio Uber Pop, que consideran competencia desleal.
La entrevista, desarrollada en castellano y de unos cinco minutos, ha sido publicada en la web bajo el título “¿Por o contra la ‘uberizacion’?“, e incidió en muchos más aspectos que los meramente relacionados con Uber: se trataba de hablar del desarrollo de una auténtica “economía de plataformas” en la que compañías que ponen en contacto a oferta y demanda con una serie de reglas de juego establecidas se convierten en alternativas superiores a las tradicionales para todas las partes implicadas. Para los usuarios, este tipo de ofertas se convierten en preferidas por ser percibidas como superiores tanto en términos de calidad (por mucho que pretendan convencerse los taxistas o los hoteleros de lo contrario, no hay más que viajar un poco para darse cuenta de ello), como de versatilidad (muchísima más gama de oferta disponible), y por supuesto de eficiencia, lo que redunda lógicamente en precios más competitivos.
Para la oferta, las ventajas son un nivel de flexibilidad elevadísimo que permite ejercer la actividad de una manera mucho más conveniente, y combinarla con otras actividades al tiempo que se permite el acceso a unos ingresos adicionales. Todo ello, lógicamente, derivado de unas condiciones de trabajo basadas en el freelancing que muchos tildan de posiblemente abusivas o atentatorias contra los derechos de los trabajadores, que están actualmente en plena discusión legislativa, pero que precisamente estos trabajadores parecen defender con argumentos del tipo “no me protejas tanto”.
Finalmente, en términos de ventajas para el entorno, parece clarísimo que una oferta considerablemente mayor y más variada termina por resultar ventajosa en aquellas actividades en las que se da la actuación de este tipo de plataformas: más plazas de alojamiento en condiciones más variadas, más transporte y ciudades más líquidas en las que resulta mucho más sencillo y agradable desplazarse… ventajas que solo pueden negar aquellos que no han viajado suficiente como para verlas puestas en práctica.
Sin duda, un fenómeno completamente imparable, en torno a una tecnología que, como todas, es imposible “desinventar”. Las resistencias, por supuesto, no pueden dejar de entenderse por parte de aquellos que ven cómo su acceso al mercado y sus condiciones de trabajo se ven afectadas por una competencia que actúa al margen de las restricciones a las que ellos se enfrentaban – sean hoteles, taxistas, medios de comunicación o tiendas – pero que precisamente surgen como directo cuestionamiento de esas mismas restricciones, planteando al legislador una situación en la que termina por tener muy poco que ganar negándose a aceptar la desregulación que las nuevas condiciones del mercado prácticamente imponen.
Como diría Joan Manuel Serrat, “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.
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