Facebook y el supuesto botón “no me gusta”

Facebook y el supuesto botón “no me gusta”

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By Enrique Dans

Ayer me llamaron de RTVE para pedir mi opinión sobre el supuesto botón “No me gusta” sobre cuyo desarrollo había hecho algunos comentarios el mismísimo Mark Zuckerberg (puedes ver la noticia y mi participación en la web de RTVE, avanzando hasta el minuto 44:01).

La expectación en torno al tema, simplemente a partir de un comentario de Mark en un evento, me generó una reflexión inmediata acerca de la importancia que Facebook está tomando en nuestras vidas: lo que originalmente fue simplemente una página a la que acudíamos para ver qué habían hecho nuestros amigos o familia, para ver si alguien estaba de cumpleaños o si había subido alguna foto, hoy es el sitio en donde cada vez más gente entra en contacto con cada vez más información y forma su opinión y sus percepciones referente a temas de todo tipo.

El botón “Me gusta” fue concebido como una forma de interacción rápida que permitiese expresar fácilmente el interés por un tema determinado. Su valor estriba primero, en el hecho de ser un gesto inmediato: podríamos expresar lo mismo y de manera mucho más rica en un comentario, pero supondría un proceso más incomodo y reflexivo que actuaría como barrera de entrada, algo de vital importancia sobre todo si hablamos de dispositivos móviles, fundamentales en la estrategia de la compañía. En segundo lugar, la brillante jugada estratégica que supuso, tras su lanzamiento dentro de Facebook, su expansión al resto de la web más allá de las páginas de Facebook, que ha permitido a la red social convertirse en referente en toda la web, en el mecanismo universalizado mediante el cual el mundo expresa su interés por las cosas, en todo tipo de páginas, en prácticamente todo tipo de temáticas, e incluso en uno de los referentes externos más importantes en el algoritmo de búsqueda de su principal competidor. Y en tercero, la información que el botón es capaz de generar: perfila nuestros intereses y su variación a lo largo del tiempo, regula la difusión del contenido, y sirve a modo de encuesta agregada de preferencias.

El problema del botón “Me gusta” es su escasa versatilidad: ante un contenido con connotaciones negativas, tal como una catástrofe o un comentario sobre la muerte de tu mascota, el “Me gusta” es una respuesta que obliga a quien lo hace y lo recibe a tener que imaginar los matices, porque en lenguaje natural, decir “me gusta” sería generalmente incomprensible (“¿te gusta… que se haya muerto mi gato?”). Esa limitación es la que lleva a Facebook a pensar en nuevos modos de expresar empatía, apoyo, o toda una gama de sentimientos más rica que un simple “me gusta”, pero sin caer en la expresión directa de un sentimiento negativo. El botón, con casi total seguridad, no será un “No me gusta”, porque eso convertiría Facebook en una especie de “referendum permanente” que reduciría el incentivo de muchas personas a compartir. Imaginarse, tras una actualización, a muchas personas diciendo “no me gusta” no parece precisamente la forma que Mark tiene en la cabeza para que se incremente la participación en Facebook.

El matiz es mucho más importante de lo que parece. De hecho, es todo un reto en términos de usabilidad e interacción del usuario, y ofrece distintas alternativas. Podría tratarse de un botón que surgiese automáticamente en función de la interpretación que Facebook hace del contenido, de manera que determinadas palabras o contextos no generasen un botón “me gusta”, sino otro diferente para expresar empatía en otros términos que un algoritmo estimase más adecuados. O por el contrario, se podría optar por dar esa libertad al usuario, al modo del status “Me siento… ” que se puede añadir a una publicación y que ofrece, además de muchísimas opciones “prefabricadas”, la posibilidad de definir las propias, y permitir que fuese el usuario el que eligiese un botón determinado para acompañar la actualización que acaba de escribir.

De nuevo, una cuestión interesantísima desde el punto de vista de diseño, y con una importancia mucho más elevada de lo que parece – si ves este tema simplemente como “una frivolidad”, es que sin duda te estás perdiendo algo – dada la repercusión que una red como Facebook está alcanzando en las vidas de casi mil quinientos millones de personas.

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