El terrorismo como justificación para la vigilancia
By Enrique Dans
Mi columna en El Español de hoy lunes se titula “Terroristas y consolas“, y hace referencia al hecho de que, según el ministro del Interior belga, Jan Jambon, los terroristas implicados en los recientes atentados de París se comunicaban y coordinaban aparentemente utilizando algo tan aparentemente inocuo como los foros de la PlayStation 4, cuya monitorización resulta, cuando menos, complicada.
Con cada nuevo atentado, se pretende intensificar la vigilancia sobre las actividades cotidianas y las comunicaciones de los ciudadanos, como si esos ciudadanos fueran realmente los culpables de los atentados que sufren y como si esa vigilancia irracional fuese a solucionar algo o a evitar el siguiente atentado. Es una relación completamente falsa, una falacia. Intensificar la vigilancia sobre los ciudadanos no ayuda a prevenir el terrorismo, como demuestra el hecho de que esos niveles de vigilancia se hayan intensificado de manera consistente a lo largo de la última década y, sin embargo, los atentados hayan seguido teniendo lugar. Poner bajo sospecha y vigilancia a la totalidad de la población no sirve para evitar atentados: siempre hay maneras de coordinar la acción terrorista que no pueden ser monitorizadas y que los terroristas se afanan en buscar, mientras el resto de la población, la que no es terrorista ni se plantea serlo, es la que termina siendo injusta y absurdamente sometida a una vigilancia irracional. Los atentados de Charlie Hebdo del pasado enero nos horrorizaron a todos, y ya en aquel momento escribí sobre la vulneración de la libertad ciudadana que la previsible respuesta a los mismos iba a suponer. Se siguió adelante, se intensificó la vigilancia a todos los ciudadanos franceses… y por supuesto, no sirvió para nada, ni fue capaz de prevenir en modo alguno los atentados de hace pocos días. Ni podrán prevenir el siguiente, me temo. Es tan sencillo como que ese tipo de medidas de vigilancia indiscriminada NO SIRVEN PARA NADA. Desengañémonos, y dejemos de justificar lo injustificable, por grande que nos parezca el mal a evitar. Es que, sencillamente, no se evita.
No caigamos en razonamientos erróneos: un mayor riesgo de acciones terroristas no justifica mayores niveles de vigilancia. La única vigilancia sobre los ciudadanos que debe tener lugar en un estado democrático es la que ordene y autorice un juez de acuerdo con el ordenamiento legal vigente, y en ningún caso debe ser indiscriminada. Que Francia o el Reino Unido se unan a los países que vigilan indiscriminadamente a sus ciudadanos no va a servirles para sufrir menos atentados, y sí para vulnerar de manera cada vez más patente los derechos de sus ciudadanos. Una sociedad en la que los derechos de los ciudadanos son pisoteados de esa forma no solo no reduce la amenaza terrorista, sino que se convierte además en una sociedad peor, en la que el estado es el primero que no respeta las normas.
Los atentados en París son execrables, cobardes, injustificables y asquerosos. Pero no hagamos que sus efectos sean aún peores tomando las decisiones erróneas y justificando entornos paranoicos en los que toda la población se encuentra bajo sospecha y vigilancia. Haciendo eso no solo habrán ganado ellos, sino que además, habremos perdido todos.
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