El problema de Facebook no son sus opciones de privacidad

El problema de Facebook no son sus opciones de privacidad

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By Enrique Dans

Facebook solicita una patente bajo el título Predicting household demographics based on image data“, que pretende hacer exactamente lo que dice: deducir una clasificación sociodemográfica del hogar de un usuario examinando las fotografías que este usuario u otros ocupantes de su casa suben a Facebook. Básicamente, saber cómo de rico o de pobre eres, analizando todos los detalles de las fotografías que subes de tu casa, con el fin de ofrecer esa información a las compañías que quieran ofrecerte publicidad.

La solicitud de la patente, con un título inequívoco que no pretende en absoluto esconder su propósito, prueba lo que hemos comentado ya en varias ocasiones: que a Facebook le parece completamente normal y en absoluto reprochable la idea de inspeccionar cuidadosamente las fotografías que subimos, en busca de señales que le permitan clasificarnos en función de nuestra riqueza. Una prueba concluyente de que el problema de Facebook no está en su deficiente seguridad, en el uso por parte de gobiernos extranjeros para intentar manipular procesos electorales, o en cuántas opciones de privacidad ofrezcan al usuario, sino directamente anclado en su modelo de negocio: un conjunto de principios que normalizan el espionaje intensivo a los usuarios como una parte fundamental de la misión de la compañía.

La conclusión no es precisamente una sorpresa, pero lleva el concepto un poco más allá de lo que inicialmente podíamos suponer: no se trata ya de utilizar la información declarativa del usuario, su edad o su lugar de residencia, sino directamente de espiar todos los indicios posibles revelados por el usuario para verificarlo. Se trata, literalmente, de crear una plataforma de compartición de datos que se brinda a los usuarios con la única intención de llevar a cabo un espionaje intenso de todo lo que sube a ella, con el fin de cualificarlo hasta el límite. Ante ese tipo de filosofía, la idea de utilizar dispositivos como el nuevo Facebook Portal, provistos de cámaras y micrófonos en el interior de tu casa, se convierte en absurda, en optar de manera supuestamente libre por un nivel de apertura total, por una auténtica exposición impúdica de toda tu vida ante una compañía que no dudará en utilizarla para caracterizarte todo lo que pueda, por mucho que diga en sus términos de uso. Ante un modelo así, una auténtica máquina de espiar, lo que digas en tus opciones de privacidad es lo de menos. ¿A dónde vamos? ¿Cabe la posibilidad de que todos los dispositivos que utilizamos terminen formando parte de redes de vigilancia masiva?

No es un problema de mal uso, de que el usuario descuide sus opciones de privacidad o de que terceras partes malintencionadas puedan abusar del sistema, sino de un diseño integral completamente dedicado al espionaje, una auténtica máquina de exprimir todo lo que subimos a la red para destilar toda la información que sea posible. Cada vez que subas una fotografía o que escribas cualquier cosa, piénsalo, porque será utilizado para caracterizarte, para etiquetarte hasta el límite, haciendo que sus algoritmos se fijen y clasifiquen detalles que ni tú mismo habrías imaginado. Algo que no puede cambiarse, porque no puede existir propósito de enmienda ante lo que es la definición misma del propósito de la compañía. Facebook es lo que parece, lo que anuncia y lo que evidencia ser, y está dispuesta a llevar su modelo hasta un límite que muy pocos podrían haber imaginado. Y no es un problema de mal uso: es, simplemente, lo que hay. ¿Puede de alguna manera seguir planteándose como sostenible un modelo así?

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