El futuro de Silicon Valley en la era Trump

El futuro de Silicon Valley en la era Trump

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By Enrique Dans

Jordi Sabaté me envió algunas preguntas por correo electrónico para documentar una noticia que hoy ha publicado en el diario Ara, dentro del suplemento Emprenem, bajo el título Silicon Valley es prepara per sobreviure a Trump (en pdf).

No tengo ninguna obsesión personal con Donald Trump (más allá de que el solo hecho de que vaya a sentarse en la Casa Blanca me parezca una aberración de la democracia), y el hecho de que últimamente haya reseñado aquí un cierto número de artículos sobre el tema se debe únicamente a que mi opinión al respecto, por la razón que sea, ha sido solicitada o recogida por bastantes publicaciones, y una de las funciones de esta página es recopilar mi participación en otros sitios.

A continuación, el texto completo de las preguntas y respuestas que me crucé con Jordi:

P. ¿Tiene razones Silicon Valley para estar preocupado por la victoria de Trump?

R. Silicon Valley tiene todas las razones del mundo y algunas más para estar preocupado por la victoria de Trump. Silicon Valley está construido sobre una cultura de inclusión y de protección de las personas muchísimo más sensible y abierta que la que Trump preconiza, y se establece sobre una neutralidad de la red entendida como principio básico y fundamental. Trump llega con una cultura supremacista blanca, con un evidente racismo y desprecio de todo aquello que no sea blanco, varón y norteamericano, con una vocación inequívoca de apoyo a los grandes lobbies clásicos (petrolero, telecomunicaciones, etc.) y con la idea de que todo Silicon Valley salvo Peter Thiel estuvo abiertamente en su contra durante toda la campaña. ¿Cómo va a sentirse una sociedad del siglo XXI cuando ven que un individuo que encajaría mucho mejor a principios del XX o incluso en el XIX ha ganado las elecciones?

P. Trump ha dicho que se retirará del tratado comercial del Pacífico nada más llegar al Gobierno ¿Cómo puede afectar esto a las empresas americanas que venden tecnología en esta zona?

R. Todos los elementos de la política de la administración anterior iban en el sentido de considerar a los Estados Unidos como parte fundamental de un ecosistema económico mundial, como una de las grandes potencias de referencia en el desarrollo tecnológico y de tendencias de consumo. Que ahora Trump preconice una especie de aislacionismo y autarquía reinterpretada de manera absurda – y superficial, como la amplia mayoría de sus ideas – es algo que indudablemente se convierte en una amenaza para una industria que depende enormemente de los mercados de fuera de sus fronteras.

P. ¿Habrá guerra comercial con China? ¿Cómo afectarán las políticas de Trump a las empresas que fabrican en suelo Chino?

R. Trump se ha dedicado durante toda su campaña a insultar a China, a pedir que no se fabrique allí, y a considerarlos, en su irracional y distorsionada versión de la realidad, como supuestos “inventores del calentamiento global”, hecho que la propia China, por supuesto, ya ha desmentido oficialmente con la misma cara que pondrías si estuvieses hablando con un idiota que te acusa de haber matado a Manolete. Trump pretende que la fabricación de las empresas norteamericanas se realice en los Estados Unidos so pena de aranceles importantes a la importación de los productos terminados, algo que a China le resultaría muy sencillo imitar, aunque el efecto sobre la economía norteamericana sería relativamente reducido, porque China consume directamente pocos productos norteamericanos. Trump no sabe dónde se está metiendo.

P. Apple ya ha reconocido que ha encargado varios estudios sobre el traslado de sus fábricas a EEUU. ¿es una opción viable?

R. La fabricación de productos de electrónica de consumo depende cada vez más de la automatización y tiene cada vez menos componente de mano de obra directa, lo que hace que la opción de fabricar en los Estados Unidos sea viable y, posiblemente, no encarezca tanto el producto. El problema es que muchos de los componentes de esos dispositivos están fabricados y también diseñados en China o en el sudeste asiático, y resulta mucho más operativo tener las fábricas cerca de donde están los ingenieros de tus proveedores.

P. ¿Sería una alternativa viable el que algunas grandes empresas se fueran de Silicon Valley y trasladaran su sede a Europa o Asia para evitar aranceles?

R. En una situación tan absurda como la que supone tener en la Casa Blanca a una persona tan irracional y errática en sus decisiones, todo puede considerarse una alternativa, pero todo puede dejar de serlo con que al personaje en cuestión le dé uno de sus absurdos arrebatos. La situación recuerda, salvando las distancias, a la Venezuela de Hugo Chávez: todo dependía de cómo se levantase este personaje y del gesto populista que decidiese hacer, o de hasta qué punto se le calentase la boca en una comparecencia pública. En este momento, lo único que se puede hacer es encomendarse a lo que uno prefiera, y esperar.

P. Durante la campaña, Trump ha prometido que suspenderá, o al menos subirá mucho los requisitos de, los visados H1: ¿cómo puede afectar esto a la dinámica de capital humano del sector tecnológico y en especial a Silicon Valley?

R. Si una industria depende del suministro estable de talento procedente de otros países, y ese grifo amenaza con cortarse por la acción de un psicópata que no quiere ver extranjeros en los Estados Unidos, lo normal es preocuparse. Para Silicon Valley y su inagotable necesidad de personal cualificado, esto significará una disminución de la oferta y, consecuentemente, un encarecimiento de un recurso fundamental, en ambas acepciones de la palabra “carestía”: menos talento, y a precios más elevados. En cualquier caso, un efecto neto sumamente negativo.

Puedes leer el artículo completo en: : El futuro de Silicon Valley en la era Trump

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