Cuatro años después del 15M… ¿nos representan ya?
By Enrique Dans
Cuatro años y un día después de la manifestación que hizo el recorrido entre La Cibeles y Sol, y que se convirtió en “momento de la verdad” del llamado “movimiento 15M”, me parece interesante revisar rápidamente algunas de las cosas que vi allí – o incluso antes, en el ambiente previo a aquel día.
El 15M surgió de una evidencia fundamental: la teórica democracia había sido sustituida por una partitocracia, por un sistema en el que, votases lo que votases, no tenía la menor importancia. El componente ideológico de la política había sido sustituido por una parodia de rojos y azules, una simplificación burda destinada a que los de un lado no se pasasen al otro, pero que carecía de más connotaciones reales, de más implicaciones en la manera de hacer política o de tomar decisiones sobre la gestión de los recursos públicos. Esta entrada, “Democracia frente a partitocracia“, es del 11 de abril de 2011, un mes antes de la manifestación, y creo que refleja bien el problema que veíamos entonces: la necesidad de una revisión metodológica, no ideológica, del sistema por el cual nos gestionábamos como sociedad. El 15 de abril de 2011, justo un mes antes de la manifestación, escribí una columna en Expansión titulada “Política y disrupción” precisamente sobre ese tema, pero el 15 de marzo de aquel mismo año también se podía leer en columnas como “Política guiñol“… sí, interesante e intensa época aquella.
Tras la manifestación del 15 de mayo de 2011 (ver mis fotos de aquel día), y en otras posteriores, como la del 15 de 0ctubre, se reclamaba eso: una revisión del sistema electoral que impidiese que dos partidos secuestrasen, en votaciones con una participación cada vez menor, el concepto de democracia para convertirla en una parodia de sí misma, en un sistema en el que el vínculo entre representantes y representados no existía, en el que la separación de poderes era una quimera, y en el que la corrupción se había instalado hasta convertirse en algo generalizado, tanto en uno como en el otro bando. Un sistema que se había blindado a sí mismo. Un clamor que venía, en realidad, de mucho antes del 15M, muy vinculado con el activismo en red, con la constatación de que los partidos no expresaban la voluntad de sus votantes, con las evidencias de que las leyes eran cocinadas por los lobbies de turno, y con la claridad que emanaba de un movimiento, #nolesvotes, que llamaba a no votar a aquellos partidos que subvertían la democracia de acuerdo con los intereses de una minoría.
No, nadie puede pretender atribuirse la paternidad del 15M, porque el origen fueron múltiples movimientos de la sociedad española que hablaban básicamente de lo mismo, desde distintas ópticas. Personas que constataban, con el ejemplo de leyes que afectaban a internet, que la política no funcionaba, movimientos estudiantiles que recogían la inquietud por su futuro, movimientos ideológicos que clamaban por la imposibilidad de acceder a un sistema que se había blindado a sí mismo, y personas que utilizaban internet como evidencia de que la política ya no les representaba. Y del mismo modo que no se puede señalar un origen único porque sería simplista, sería igualmente reduccionista reclamar una descendencia del 15M limitada a un solo partido o a un solo movimiento. Del 15M surgieron muchas cosas, y reducirlas a unas siglas o a una opción determinada es claramente simplista e interesado.
¿Nos representan ya los partidos políticos, cuatro años después del 15M? No, en absoluto. El sistema no ha cambiado. Lo que ocurre ahora, precisamente, es que tras cuatro años de incubación y de aterrizaje en formas diversas, el movimiento podría tener algunas posibilidades de alcanzar la política de verdad, la de las urnas. De las opciones que compiten por convencerte de que son los mejores para gestionar nuestra sociedad en las próximas elecciones, hay algunas que son e-xac-ta-men-te las mismas contra las que salimos a la calle hace cuatro años. Las mismas. Sin cambios de ningún tipo más allá de un “quítame a Fulano y ponme a Mengano”. Sin alteraciones en cómo se gestionan internamente o en cómo llevan a cabo sus políticas. Si esperas que alguna de esas opciones te represente o ponga en marcha algún sistema para cambiar la forma en la que (no) lo hace, mejor espera sentado. Y hay otras opciones que, al menos, plantean cambios, pretenden revisar el sistema, escuchar de otra manera a la sociedad, redefinir los canales de interacción, o apartar de la gestión pública a los que ya tienen las manos manchadas y las cuentas repletas.
No, no pienso llamar al voto para nadie. No me dedico a eso, me dedico al análisis de lo que la tecnología provoca sobre las personas, las empresas o la sociedad. El 15M fue una constatación muy clara: gracias a una serie de canales de comunicación que la tecnología nos había dado, pudimos organizar un movimiento, salir a la calle y darle una notoriedad que, de otra manera, nunca habría podido alcanzar. Pudimos plantearle a los políticos que se podía hacer activismo ciudadano al margen de sus partidos. Demostrarles que estaban obligados a escuchar a la ciudadanía. Que por no hacerlo, habían provocado un error del sistema. Eso es lo que no puede parar. De nuevo, no pienso pedir el voto para nadie. Pero sí tengo claro quienes siguen sin representarme y quienes, al menos, aspiran a hacerlo. Quienes se han dado cuenta del cambio que la tecnología ha provocado en la forma de hacer política y quienes no, quienes siguen con “más de lo mismo”. Si algo tengo claro es lo que NO voy a votar.
Puedes leer el artículo completo en: : Cuatro años después del 15M… ¿nos representan ya?
