Criptomonedas: con el dinero no se juega

Criptomonedas: con el dinero no se juega

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By Enrique Dans

Tether, la criptomoneda de la que hablamos hace un par de meses, pasa a superar al archiconocido bitcoin en volumen de transacciones mensuales en más de un 18%, y se convierte en la criptomoneda más utilizada del mundo, a pesar de que su capitalización de mercado es unas treinta veces menor.

Mientras, la Libra de Facebook pone en jaque a las autoridades monetarias de varios países debido al riesgo que supone la posibilidad de su lanzamiento, la criptomoneda oficial china ultima los detalles de su puesta en funcionamiento, posiblemente asociada a su gran cita comercial, el Singles’ Day, y algunos países, como Islandia, ponen en marcha monedas digitales oficiales asociadas a la cadena de bloques de Ethereum y empezamos a ver los primeros pagos cotidianos realizados con ellas.

¿Intuimos lo que revelan las tendencias? Mientras las criptomonedas más conocidas se llevan la fama, las claves de una adopción generalizada parecen estar precisamente en los que esas monedas no cuidan: la seguridad en el valor, la eficiencia, las garantías y los sistemas de asignación razonables. ¿Qué es interesante de Libra? Que Facebook, con su descomunal base de más de 2,4 miles de millones de usuarios, puede poner en circulación su moneda en un abrir y cerrar de ojos, y hacerlo además de una manera que la asignación inicial de fondos tenga un relativo sentido común, es decir, que prácticamente cualquiera, con el único requisito de tener una cuenta en Facebook, pueda hacerse con libras. En su contra, obviamente, podemos decir que supone una privatización del dinero sumamente peligrosa, y que además, está en manos de una compañía irresponsable a la que jamás querrías confiar la gestión de la información de tus gastos e ingresos. Si, hipotéticamente, Facebook desoyese los consejos de las autoridades monetarias de medio mundo y lanzase Libra mañana, ¿qué ocurriría? Que muy posiblemente, su volumen de transacciones convertiría al resto de criptomonedas rápidamente en anecdóticas. Sin duda, Libra es una buena idea, marca una clara tendencia hacia la digitalización del dinero, y es más que posible que el futuro pase por conceptos similares. Simplemente, está en las manos equivocadas, y todo indica que algunos de sus socios ya son conscientes de ello, a pesar de los esfuerzos de Facebook por desmentirlo.

Del mismo modo, la criptomoneda china impresiona por las posibilidades que tiene de ponerse en circulación de una forma rápida, sencilla, razonablemente justa en su asignación, y con las garantías que puede ofrecer el estado chino. ¿Que no es, como tal, una criptomoneda? Que le llamen como quieran: es dinero digital, y va a estar en manos de un montón de usuarios en todo el mundo.

¿Y Tether? ¿Qué resulta interesante de Tether? Su estabilidad, su relativa opacidad y su facilidad de uso, lo que lleva a que muchísimos comerciantes chinos en Rusia la utilicen de manera habitual para repatriar sus beneficios a China de manera razonablemente sencilla, eludiendo todo tipo de controles y restricciones, y convirtiéndola en el 80% del volumen de operaciones de las mesas de contratación de criptomonedas en Moscú. Ni blockchain, ni inestabilidad del valor, ni nada por el estilo: algo tan lógico como proponer una solución sencilla a un problema de muchos.

La adopción de las criptomonedas, al menos en sus primeras fases, contradice lo que los primeros entusiastas calcularon originalmente: el mecanismo que asigna el valor a un bitcoin o a un ether puede ser una solución muy elegante, pero genera un nivel de riesgo que conlleva que los usuarios decidan o bien no utilizar esas monedas por miedo a que su cotización baje, o las utilicen únicamente como almacén de valor, porque hacer transacciones con algo tan inestable resulta completamente absurdo. En los procesos de adopción, la idea de que un bitcoin llegue a tener un valor razonablemente estable y a ser usado en transacciones cotidianas – lo que caracteriza a una verdadera moneda – es, a día de hoy, una ilusión lejana. Mientras, quienes se inclinan hoy por el uso de criptomonedas, por la razón que sea, manifiestan sus preferencias hacia monedas «aburridas», hacia stablecoins ancladas al valor de una moneda o cesta de monedas, y con mecanismos de asignación al alcance del grueso de la población. Monedas fáciles de entender por cualquiera que optan por algoritmos de consenso sencillos, generalmente basados en prueba de participación (Proof of stake, o PoS) frente a la complejidad e ineficiencia de la prueba de trabajo (Proof of Work, o PoW).

Las criptomonedas clásicas, a pesar de su indudablemente brillante diseño teórico, solo superan la prueba del uso para unos pocos: la gran mayoría de sus potenciales usuarios las perciben como algo muy complejo, con efectos secundarios potencialmente muy perniciosos, irresponsablemente especulativos, muy arriesgadas, en manos de cuatro listillos, y absurdamente despilfarradoras en términos energéticos.

La tendencia que lleva a que el dinero se convierta en completamente digital está más que clara. Pero todo indica que los protagonistas de ese movimiento no van a ser precisamente los idealistas pioneros de las criptomonedas más conocidas, sino otra serie de actores con consideraciones mucho más prácticas. Las stablecoins son aburridas, sí, pero su comprensión está al alcance de cualquiera, tienen poco riesgo, y reducen el miedo a que el valor de tu dinero oscile absurdamente por el capricho y el interés del especulador de turno. Los diseños elegantes y los algoritmos de consenso teóricamente perfectos sobre el papel, frente a los mecanismos sencillos, la seguridad, las operativa y la facilidad. Los diseños más sofisticados y técnicamente interesantes, cuando llega el momento de la verdad y de la llegada del dinero digital, se llevan un baño de realidad y se encuentran con que la adopción y el uso favorece a esquemas más simples, más conservadores, menos provocativos, aunque posiblemente más adelante, en su evolución futura y con un mercado ya más educado, nada impide que puedan evolucionar y pasar a incorporar algunos de los esquemas originales de las primeras.

Los procesos de adopción son así, sobre todo en el ámbito económico. O, dicho de otra manera: con el dinero no se juega.


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