Consumo y contracorrientes

Consumo y contracorrientes

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By Enrique Dans

Mi columna en Invertia de esta semana se titula «¿Consumir menos?» (pdf), y está inspirada por unas recientes declaraciones de Bill Gates en las que se posiciona claramente en contra de la idea del llamado «decrecimiento» o «degrowth«, calificándolo simplemente de irreal e imposible.

En general, coincidir con Bill Gates es algo que me resulta muy divertido: de ser una personalidad inspiradora cuando fundó Microsoft, cuando tuve la oportunidad de organizar su paso por el IE y cuando el 90% de lo que explicábamos en las entonces clases de «informática» estaba basado en productos suyos, pasé a otra época en la que Gates era «el gran ignorante», el idiota que se perdía revoluciones como internet o el código abierto que «hasta un simple profesor del IE» podía entender como fundamentales de cara al futuro. Ahora, Bill Gates tiene ese estatus de, por un lado, pensador o visionario, y por otro, de protagonista de todas las teorías de la conspiración que miles de idiotas quieren creerse a falta de algún santo al que rezar.

¿Tiene sentido pretender que la humanidad en su conjunto va a abrazar una doctrina que les lleve a la frugalidad más absoluta, a consumir mucho menos y a rebajar sus niveles de confort y bienestar para volver, prácticamente, a vivir como nuestros bisabuelos o tatarabuelos? El bueno de Gates piensa que no, que una hipótesis así es completamente absurda e irrealizable, y que como mucho, si se lograse por la vía de la austeridad o de las crisis económicas salvajes, terminaría dando lugar a un mundo absurdo y distópico, en el que determinadas personas no renunciarían a nada y otras se verían obligadas a ello muy a su pesar.

Nos pongamos como nos pongamos, el decrecimiento es incompatible con la naturaleza humana. Una persona que ha conocido determinados niveles de confort y comodidad no renuncia a ellos aunque le digan que no hacerlo va a significar el fin de la humanidad, y lo hemos comprobado ya en numerosas ocasiones. Puede llamarse inconsciencia, o puede llamarse sentido de conservación, pero simplemente no ocurre ni va a ocurrir. Y la alternativa a ello, lógicamente viniendo de un tecnólogo – alguien que tiene un solo martillo y para quien todo problema es un clavo – es conseguir no consumir menos, sino consumir mejor.

No se trata de dejar de conducir, sino de hacerlo en vehículos que aunque haya que fabricar, dejen de contaminar una vez puestos en manos de los usuarios. No se trata de no consumir el litio disponible, sino de generar una demanda que alimente la investigación en alternativas al litio mediante moléculas mucho más abundantes en la corteza terrestre, como de hecho ya está ocurriendo. A lo largo de la historia de la humanidad, la tecnología ha generado muchos problemas, pero ha solucionado muchos más de los que ha generado, y seguimos confiando en ella a pesar de su enorme relación con el consumo y con el modelo capitalista. Las sociedades capitalistas pueden tener sus evidentes problemas, pero sus alternativas tampoco es que hayan funcionado muy bien.

¿Debemos dejar de volar? No, porque no funcionaría ni aunque lo pretendieses. En su lugar, debemos evolucionar hacia formas de transporte cada vez más descarbonizadas, posiblemente algo más lentas, y con un modelo de consumo diferente, no inexistente. Para conseguirlas, que exista una demanda es fundamental, porque esa demanda es la que alimenta todo el ciclo. Y como eso, mil ejemplos más.

Los apóstoles del decrecimiento olvidan una cuestión fundamental: que sus ideales son utopías incompatibles con la naturaleza humana. Seamos serios y pongamos el foco donde lo tenemos que poner, en la tecnología, si queremos ser capaces de superar el mayor desafío con el que la humanidad se ha encontrado a lo largo de toda su historia.

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