Capturando dióxido de carbono

Capturando dióxido de carbono

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By Enrique Dans

La captura de dióxido de carbono atmosférico se está convirtiendo en uno de los grandes retos tecnológicos del momento: la concentración actual de dióxido de carbono en la atmósfera está en torno a las 410 partes por millón, lo que ha supuesto ya un efecto invernadero capaz de elevar la temperatura del planeta 1ºC por encima de los niveles pre-industriales, lo que implica una incidencia mucho mayor de fenómenos como sequías prolongadas, incendios forestales y desastres naturales.

A medida que esa concentración se incrementa, estos efectos se hacen cada vez más frecuentes. El último informe del IPCC, con consenso científico total, afirma que no hay posibilidad de contener ese calentamiento a 1.5ºC si no se retiran de la atmósfera entre cien mil millones y un billón de toneladas métricas de dióxido de carbono de la atmósfera antes del final del siglo. La forma natural de capturar dióxido de carbono es mediante el uso de árboles y plantas que lo fijan en el suelo, pero eso supone un problema de eficiencia porque exige dedicar grandes extensiones de tierra a ello que hoy se dedican a cultivos. De ahí que existan planteamientos para potenciar genéticamente la capacidad de las plantas para la fijación de dióxido de carbono en el suelo potenciando su desarrollo radicular, lo que podría contribuir a una reducción de entre el 20% y el 46% del dióxido de carbono que esas plantas emiten, pero aún así, aunque supone una importante mejora, sigue siendo insuficiente.

De ahí que una gran parte del foco se esté poniendo en el desarrollo de tecnologías capaces de retirar dióxido de carbono de la atmósfera de manera artificial, bien revirtiéndolo a partículas sólidas de carbón, utilizándolo para obtener electricidad o hidrógeno, o incorporándolo en la producción de diversos tipos de bienes, desde polímeros capaces de “auto-arreglarse” mediante la fijación de dióxido de carbono atmosférico, hasta objetos como ropa, alimentos para animales, colchones, pasta de dientes, combustible para aviones, vehículos, cemento, plásticos o zapatos, propuestos por una amplia variedad de compañías alimentadas, entre otros, por fondos para la financiación de proyectos creados en incubadoras como Y Combinator. Capturar dióxido de carbono de la atmósfera no es sencillo, fundamentalmente porque supone tan solo el 0.04% de las moléculas en ella, pero es absolutamente fundamental dados sus efectos, y tenemos que hacerlo, además, en volúmenes elevadísimos. El problema, por supuesto, es el coste de esas tecnologías.

¿La buena noticia? Que al menos, empezamos a movernos en este sentido, y que sin el desarrollo y la aplicación de este tipo de tecnologías, nada de lo que hiciésemos en términos de descarbonización y reducción de las emisiones sería suficiente. ¿La mala? Exactamente la misma: que retirar dióxido de carbono de la atmósfera, aunque llegásemos a ser capaces de hacerlo de manera muy eficiente, tampoco es suficiente, y que, por tanto, la descarbonización agresiva de la economía a un ritmo mucho más rápido que el marcado por la economía y la política sigue siendo perentoriamente necesaria. Seguir ignorando esto y no haciendo nada o planteándolo en plazos de varías décadas equivale a la más absoluta negligencia. Como dice George Monbiot, “el crecimiento perpetuo en un planeta finito lleva inexorablemente a la catástrofe medioambiental“.

Ideas, investigación, tecnología, desarrollo y mucha materia gris dedicada al desafío más importante de la historia de la humanidad. No, no te confundas: no hablamos de teorías ni de hipótesis. Hablamos de ciencia, de tecnología y de cómo diablos evitar el maldito fin del mundo de aquí a muy pocas décadas. O mejor dicho, no del mundo, sino de la humanidad. Que algo, aunque sea poco, debería importarte.


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