Cámaras por todas partes
By Enrique Dans
Mi primer contacto con los productos de Ring, compañía adquirida por Amazon en febrero de 2018, fue a través del Ring Video Doorbell 2, y fue un desastre. El producto me pareció incompleto, nunca llegué a ver claro el concepto de un videoportero que no sirve para abrir la cerradura de la puerta sino solo para poder hablar cuando alguien llama, y además, a pesar de que mi puerta exterior no está a demasiada distancia de la de casa, nunca llegué a conseguir en ella una conexión WiFi razonable.
Sin embargo, del producto me interesaron varios conceptos: el primero, el de un packaging que incluía absolutamente to-do, hasta el último tornillo, los tacos, la broca adecuada para colocarlos, e incluso el destornillador. Realmente era recibir el producto, hacer un par de agujeros en la pared, y tenerlo ya colocado. El segundo concepto que me gustó fue el de una batería que recargas en una noche, que te dura meses, que evita el problema de cablear tu instalación, y que simplemente avisa a través de la app cuando necesita recarga.
Cuando probé su segundo producto, la Ring Stick Up Cam, mi opinión mejoró sensiblemente: una cámara de videovigilancia que instalas en un suspiro en interior o exterior, que no tienes que preocuparte de cablear porque sigue funcionando con la misma batería de larga duración, y que controlas a través de una app que te permite configurar su sensibilidad, ver los vídeos que graba cada vez que detecta movimiento (permanece en reposo si no detecta nada, de ahí la duración de la batería), ver en tiempo real, e incluso hacer sonar una estridente alarma o hablar a través de ella. La idea de diseñar nuestro propio sistema de seguridad perimetral me pareció interesante, y de hecho, tras probarla unos días, adquirí otra más.
Cuando una cámara de seguridad se convierte en algo que se instala, se conecta y se integra en una red en cosa de quince minutos y sin complicaciones de ningún tipo, lo que cabe esperar es que, en un plazo no muy largo, el mundo se llene de cámaras particulares, que se unen a las muchas ya instaladas por negocios y ayuntamientos. Y efectivamente, eso es lo que parece estar pasando: sea con Ring o con otras marcas, el mercado norteamericano para este tipo de productos parece estar teniendo un momento dulcísimo, al hilo además del rápido crecimiento de nuevos problemas como el porch pirating vinculados al desarrollo del comercio electrónico.
Amazon, de hecho, parece estar desarrollando toda una estrategia envolvente en torno a la adquisición de Ring, que comienza con la seguridad perimetral, sigue con el portero automático que puedes contestar desde el smartphone, y termina con las cerraduras inteligentes para que puedas abrir al repartidor para que te deje los paquetes en la puerta de casa o en el garaje por dentro, mientras ves todo lo que hace en la cámara correspondiente. Una estrategia envolvente que, salvando algunos problemas de seguridad que es imprescindible y taxativo poner bajo control, parece estar imponiéndose en cada vez más vecindarios norteamericanos.
Ahora, además, la estrategia parece estar llegando a lo social: integrar esas cámaras cada vez más ubicuas situadas en las viviendas para contestar las llamadas a la puerta o para controlar el porche, en una suerte de red social de la seguridad que permite a los vecinos de una zona determinada tratar de controlar los problemas de su barrio. La idea, que evoca casi a las inquietantes patrullas de vigilancia ciudadana, se denomina Neighbors by Ring, está disponible tanto en Android como en iOS, por el momento solo en los Estados Unidos y Canadá – mi impresión es que traerla a Europa plantearía numerosos problemas legales – y parece estar convirtiéndose en tendencia.
Mi impresión de la cámara, aparte de su sencillez, inmediatez de instalación y calidad de imagen, es que elimina mucha de la complejidad de este tipo de productos. Está lejos de ser perfecta: la calibración adecuada de la sensibilidad lleva tiempo, y mientras no la consigues, recibes alertas absurdas cuando pasa un coche o cuando el viento mueve una rama a todas horas – a veces en medio de la noche, con la ilusión que eso hace. Los vídeos tardan, lógicamente, un rato en moverse por la red, lo que lleva a que, en ocasiones, recibas una alerta, tardes más de un largo minuto en poder verla, y sea más productivo obviarla y simplemente lanzar el vídeo en directo.
Sin duda, este tipo de productos acercan la posibilidad de diseñar sistemas de seguridad perimetral a cualquiera. Tecnológicamente, me parece un desarrollo muy interesante. Lo que no estoy completamente seguro es que eso sea, como tal, una buena cosa. Entre controlar discretamente que no te roben un paquete que te han dejado en el porche de tu casa y convertirte en una especie de vigilante neurótico conectado con tus vecinos y pasándote con ellos alertas de seguridad sobre personas que habéis etiquetado como presuntos delincuentes puede ir una distancia muy corta. En España no creo ni que llegue a ver aplicaciones de seguridad vecinal de ese tipo, pero en un país como los Estados Unidos, me da hasta miedo. Y creo que supone una evolución de la sociedad que no tengo nada claro que nos lleve a ningún buen fin.
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