Amazon frente a la FTC: un caso para la historia
By Enrique Dans
La demanda antimonopolio presentada por la Federal Trade Commission (FTC) y diecisiete estados contra Amazon es, sin duda, uno de los casos más importantes jamás planteados por la entidad, el auténtico Big One, y la verdadera razón de ser para el nombramiento de una Lina Khan que llegó a su puesto de presidenta de esa Comisión tras haber escrito un muy influyente artículo de 95 páginas en el The Yale Law Journal en 2017 en el que precisamente trataba de luchar contra la simpleza ultraliberal que supone invariablemente que «lo mejor para el consumidor son siempre precios más baratos».
Como bien dice The New York Times, la lucha entre Jeff Bezos y Lina Khan sí es la verdadera pelea de esta industria. Hablamos de un caso con un potencial enorme para reescribir las definiciones de monopolio y de competencia, que afecta además a un líder mundial que ha sido capaz de imponer sus condiciones en todas partes y de crear un auténtico imperio. Un proceso que será largo, con la participación de todo tipo de expertos académicos, y en el que, antes de empezar, y al margen de lo que el poderosísimo lobby de Amazon sea capaz de hacer o influir, sabemos una cosa segura, definida por el famoso test del pato: si parece un pato, nada como un pato, y grazna como un pato, entonces probablemente sea un pato.
Toda persona que haya comprado algo alguna vez en Amazon y que haya visto la evolución de la compañía a lo largo del tiempo, lo tiene claro: Amazon es un monopolio. Pero si hablamos de personas que, además, hayan vendido a través de Amazon, esas lo tienen mucho, muchísimo más claro. Y cuando tanto proveedores como clientes lo creen de manera inequívoca, lo normal es que el resultado del juicio termine diciendo precisamente eso: que Amazon ya no es que sea un monopolio, sino que es la mismísima definición de monopolio.
Como siempre en casos de competencia monopolística, hay una cosa clara: tener éxito por hacer las cosas bien no es ningún crimen. Lo que sí es un crimen punible es tener éxito gracias a aplicar tácticas que restringen la capacidad de otros para competir. ¿Qué ha hecho concretamente Amazon para que un caso tan prominente como este tenga sentido?
En primer lugar, interferir en los precios de sus competidores. Si vendes en Amazon y quieres tener alguna posibilidad de que tus productos alcancen zonas de exposición y recomendación preferente – y no hacerlo implica, en muchos casos, simplemente no vender y que lo hagan tus competidores, – te encontrarás con que Amazon te impide que vendas tus productos más baratos en ningún otro sitio. No solo eso, sino que patrulla toda la web conocida para comprobar que no lo haces, y si lo hicieses, te sanciona degradando tu visibilidad en su plataforma. Eso es, a todos los efectos, una intrusión en las estrategias de sus competidores, y un abuso de su poder para conseguir ser quien ofrece mejores precios. Algo completamente comprobado que, en principio, se lo pone razonablemente fácil a las alegaciones de la FTC.
En segundo lugar, abusar del poder de su plataforma Prime: si quieres que tu producto sea distinguido como Prime, que hace que los productos sean mucho más visibles y atractivos para el cliente, tienes necesariamente que utilizar la plataforma de aprovisionamiento y logística de Amazon, lo que en principio impide a otros proveedores de aprovisionamiento y logística alcanzar la escala necesaria para competir. Además, dado que la mayor parte de los vendedores en Amazon prefieren tener una sola red logística, esa obligación condiciona la disponibilidad de sus productos en otras plataformas. Básicamente, que los servicios de aprovisionamiento y logística que Amazon afirma que son opcionales y que además son hasta un 30% más barato que su competencia, no son en realidad opcionales, sino una obligación práctica sin la cual resulta muy difícil vender con éxito en la plataforma.
Sin duda, Amazon es un elefante metido a presión en una tienda de porcelana llena de productos de muy diversos comerciantes, y cada vez que se mueve un poco, rompe algo. Esa escala es precisamente lo que le permite tratar a sus suministradores como los trata: no pueden vivir sin Amazon, pero tienen también muy complicado vivir con Amazon si no adoptan una actitud de callar y otorgar: hoy es «hazte tú cargo del coste de las devoluciones», mañana es «estás vendiendo más barato en otro sitio», pasado es «invierte tanto en publicidad o no te encontrará nadie». Claros abusos procedentes de quien no se limita a gestionar la plataforma, sino que además, maneja las reglas de esta completamente a su antojo.
Veremos cómo evoluciona este caso, pero es sin duda el más importante que Amazon ha tenido que afrontar a lo largo de sus veintinueve años de historia, y puede tener méritos suficientes para que la FTC demuestre que, en efecto, el comportamiento de Amazon es y ha sido anticompetitivo. Y si efectivamente termina siendo así y la FTC gana la demanda, los efectos pueden ser un auténtico cataclismo.
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