Adiós a las escuchas telefónicas… temporalmente
By Enrique Dans
El Senado norteamericano, en ausencia de acuerdos al respecto, decide dejar expirar la seccion 215 de la USA Patriot Act (cuyo acrónimo, recordemos, significaba Uniting and Strengthening America by Providing Appropriate Tools Required to Intercept and Obstruct Terrorism) debido fundamentalmente a la presión ciudadana y a la escasa voluntad de la mayoría de los senadores de “retratarse” en semejante tema ante sus electores.
Pese a las angustiadas llamadas de alarma del Director de la CIA, la cámara decidió no pactar una prórroga, lo que llevó a la Patriot Act a expirar a las 12 de la noche del pasado día 31 de mayo. Un verdadero triunfo de Edward Snowden, que fue quien, con sus revelaciones, expuso el clarísimo abuso que suponía la explotación irracional e ilimitada de ese paquete legislativo. Desafortunadamente, el triunfo de Snowden no lo es en lo personal – sigue teniendo que vivir en un país que no ha escogido y sin poder salir de él ni desplazarse con libertad – pero sí pone de manifiesto la imperiosa necesidad de una revisión de las relaciones entre los ciudadanos y sus gobiernos.
¿Qué ocurre ahora tras la expiración de la Patriot Act? Como no podía esperarse de otra manera, el gobierno norteamericano tratará de recuperar al menos una parte de la capacidad de generación de información de la NSA mediante la aprobación de la USA Freedom Act (acrónimo de Uniting and Strengthening America by Fulfilling Rights and Ending Eavesdropping, Dragnet-collection and Online Monitoring), un paquete legislativo de larga historia que fue introducido en Congreso y Senado a finales de octubre de 2013, y que fue rechazado en varias ocasiones. La Freedom Act suponía originalmente una aproximación mucho más balanceada y razonable al dilema seguridad vs. privacidad, y de hecho, la EFF se mantenía razonablemente neutral con respecto a ella. Sin embargo, la reacción de algunos senadores ante el debilitamiento del poder de la NSA ha sido la de plantear enmiendas a la Freedom Act con el fin de debilitarla y preservar algunas posibilidades de actuación, enmiendas a las que la EFF se opone frontalmente.
La situación actual, por tanto, es de impasse legislativo, como corresponde a un momento de toma de conciencia y previsiblemente de cambio de posiciones: si la Patriot Act ha servido para algo, ha sido para demostrar su inoperancia a la hora de utilizar la información obtenida para prevenir atentados. Tras varios años en producción y con una notable hipertrofia de las capacidades y las dimensiones de la NSA, queda demostrado que no existe una correlación entre el incremento de la vigilancia y la prevención de atentados, y que esa vigilancia, aunque dificulte las comunicaciones entre los terroristas, sirve fundamentalmente para acumular información de inocentes ciudadanos que ven no solo sus derechos fundamentales vulnerados, sino también cómo la 4ª enmienda de la Constitución, que teóricamente les protege frente a “pesquisas y aprehensiones arbitrarias o no justificadas” se convierte en papel mojado.
A falta de las próximas decisiones del Senado, todo indica que podemos estar viviendo una cierta mejora potencial de los derechos de los ciudadanos. Pero de nuevo, estamos hablando de algo que se ha convertido en una auténtica industria con poderosos intereses, de un cambio de mentalidad que muchos tildan de poco probable en la mayoría de los senadores, de un nivel todavía excesivamente elevado de posibilidades de espionaje indiscriminado de los ciudadanos y de una situación cuyo desenlace podría cambiar si las enmiendas planteadas en este momento llegan a salir adelante – y podrían hacerlo dada la situación actual de la cámara.
En cualquier caso, es importante tener en cuenta cómo hemos llegado a esta situación, en la que al menos estos temas son objeto de discusión, reflexión y posible reforma, así como de una marcada evolución en las percepciones al respecto de la mayoría de los ciudadanos: son el tipo de cosas que justifican la protección de los llamados whistleblowers, de personas capaces de sacrificar su comodidad, su seguridad o incluso sus objetivos en la vida por una convicción. Personas como Felt, Ellsberg, Manning, Assange o Snowden deberían no solo disfrutar de protección, sino convertirse en auténticos referentes morales de una sociedad en la que, en demasiadas ocasiones, pesa más la inercia y la comodidad que la necesidad de arriesgarse para tratar de cambiar aquello que es injusto. La Patriot Act ha muerto, la capacidad del gobierno norteamericano para escuchar y monitorizar todas las llamadas de teléfonos de sus ciudadanos se ha visto recortada – al menos temporalmente – y las cosas hay que agradecérselas a quien hay que agradecérselas.
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