Un mundo de genéticas indexables
By Enrique Dans
Un curioso caso policial, la localización y captura del llamado “Golden State killer“, que asesinó a doce personas, violó a más de cincuenta y llevó a cabo más de cien robos entre 1976 y 1986, más de cuarenta años después del inicio de las investigaciones, ha desencadenado numerosas especulaciones sobre el futuro de una sociedad en la que el mapa genético de cada vez más personas está disponible en páginas en la red, a las que lo suelen subir por intereses relacionados con la salud o la genealogía.
Para identificar al asesino en serie, la policía obtuvo un perfil genético de una muestra biológica recogida en uno de los escenarios de sus crímenes, y lo subió a un servicio web para interesados en la genealogía, a partir del cual fueron capaces de obtener información sobre algunos otros perfiles que, por similitudes y tras buscar entre más de un millón de muestras, apuntaban a tener lazos familiares con él. A partir de ahí, trabajo policial tradicional hasta ser capaz de localizarlo, y poder cerrar un caso complejo que, en su momento, generó una fuerte alarma social.
La técnica utilizada por la policía no es, en realidad, nada especialmente sofisticado: yo mismo, a partir de mi perfil en 23andMe, recibo periódicamente mensajes en los que me notifican que han localizado a una serie de personas que podrían tener parentesco conmigo en función de determinadas secuencias de su genoma, habitualmente parentescos muy lejanos a los que no suelo hacer el menor caso, pero que mantengo por pura curiosidad. En su momento, hace más de cinco años, me apunté al servicio porque tenía interés en los datos de salud que entonces aportaba, un examen completo que, posteriormente, la compañía se vio obligada a restringir por requerimiento de la FDA, que consideraba esa información excesivamente preocupante para personas no necesariamente preparadas para asumirla, una consecuencia colateral del llamado “efecto Angelina Jolie“. Desde entonces, 23andMe ha ido intentando homologar cada uno de los tests genéticos que hace para la detección de los marcadores genéticos de determinadas enfermedades y afecciones, pero fundamentalmente es ahora un servicio para averiguar detalles como los orígenes geográficos de tu pool genético, el porcentaje de ADN Neanderthal que posees, o participar en investigación extensiva sobre aspectos de todo tipo.
¿Qué ocurre cuando las bases de datos genéticas no son simplemente algo que la policía recopila como parte de los historiales de criminales, sino que un número creciente de personas comparten en la red como una forma de recibir información sobre su salud o su genealogía? Tras el caso de Angelina Jolie, que tras someterse a una doble mastectomía en función del diagnóstico de un test genético, desencadenó un fuerte incremento de la demanda de este tipo de pruebas en el año 2013, el año 2017 se convirtió en el de la explosión de estos servicios: más personas se hicieron un test genético ese año que durante todos los años anteriores combinados. Ahora, un test genético de paternidad en los Estados Unidos, por ejemplo, puede costar pocas decenas de euros y venderse en Amazon o en un supermercado, con todo lo que ello conlleva, y el mundo empieza a parecerse cada vez más a lo que evocaban películas de supuesta ciencia-ficción como Gattaca en el año 1997.
La expectativa y la curiosidad que genera algo tan importante como la salud es un incentivo potente: son muchas las personas dispuestas a someterse a una prueba, particularmente a una tan poco intrusiva como la simple recolección de una muestra de saliva o de un frotis bucal, a cambio de despejar dudas sobre cuestiones relacionadas con ella. Del mismo modo, la genealogía cuenta con numerosos adeptos, particularmente entre determinados colectivos que la preservan como una seña de su identidad a través de una historia compleja y de hibridación escasa que les confieren características casi únicas, como es el caso de los judíos Ashkenazi, pero también dentro de colectivos más amplios a nivel amateur. En el futuro, lo normal será pensar que el cuidado de la salud girará cada vez más hacia prácticas preventivas, y que de una manera importante, estará condicionada por el estudio del material genético, lo que de facto conllevará una sociedad completamente codificada, con nuestros datos genéticos íntegros recogidos en bases de datos en las que podrá localizarse, con las debidas protecciones y protocolos de privacidad – esperemos – prácticamente cualquier cosa.
El caso del Golden State killer, sencillamente, nos acerca a esta realidad. Habrá que ir intentando imaginar sus consecuencias de cara al futuro.
Puedes leer el artículo completo en: : Un mundo de genéticas indexables
