Trabajo, tecnología y evolución
By Enrique Dans
Un par de lecturas interesantes relacionan el futuro del trabajo con la evolución tecnológica, un tema que también toco en mi nuevo libro, «Viviendo en el futuro«, particularmente en el capítulo 10, «De 9 a 5», dedicado precisamente al futuro del trabajo.
La primera de ellas, «We have the tools and technology to work less and live better«, de Toby Phillips, analiza el número de horas que serían necesarias hoy en día para obtener la productividad del trabajador inglés medio en su jornada de 45 horas en 1930, y llega a la conclusión de que, dados los avances en productividad, podría alcanzarse en tan solo 7 ó 10 horas de un trabajador moderno, según el país en el que esté. Este hecho, además, coincide con las predicciones de John Maynard Keynes, que afirmaba en 1930 que «en cien años, nuestras sociedades habrían avanzado tanto, que prácticamente no necesitaríamos trabajar».
¿Alguien trabaja hoy entre 7 y 10 horas semanales? ¿Dónde está ese dividendo digital que la tecnología nos habría permitido alcanzar? ¿Cómo se ha repartido? Aparte del avance que supone, frente a las condiciones laborales en 1930, comenzar a trabajar generalmente más tarde y contar con una jubilación en lugar de morir de viejos en nuestro puesto de trabajo, que de por sí puede suponer en torno a un tercio de trabajo menos en nuestra vida laboral, seguimos trabajando jornadas similares a las de hace cien años, a pesar de que el avance tecnológico posibilita una productividad desmesuradamente más elevada.
En el futuro, y no necesariamente lejano, está la redefinición de la relación entre la persona y el trabajo. Como aventura Albert Wenger en su breve nota «Universal basic income and the climate crisis«, la renta básica incondicional debería ser uno de los componentes principales del llamado Green New Deal que varios candidatos demócratas a las próximas presidenciales de 2020 llevan en su programa, porque permite dedicar más esfuerzos a tareas dedicadas a paliar la emergencia climática, porque permite salir del bucle trabajo-consumo que está en el centro de la economía actual basada en el crecimiento material, y porque proporciona más grados de libertad ante eventuales movimientos derivados de los efectos de la crisis medioambiental.
Es importante poner las cosas en su sitio: cuando hablamos de estos temas, no estamos hablando de utopías filocomunistas ni de ciencia-ficción: hablamos de una conversación que está teniendo lugar en muchos países, en todo el espectro ideológico, y que varios candidatos presidenciales de un país como los Estados Unidos llevan en su programa electoral. Las consideraciones sobre si eso sería el fin de las sociedades y de la naturaleza humana, sobre si sería religiosamente incorrecto porque algún dios en algún momento nos dijo supuestamente que tendríamos que ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente o sobre si eso se convertiría en una fábrica de vagos, algo que contradice todos los experimentos llevados a cabo hasta el momento, corresponden a razonamientos escasamente desarrollados que han creído que una de las alternativas de futuro más importantes de la humanidad se pueden despachar en una conversación de café, o que no tienen en cuenta que los recursos que hoy se utilizan en el sistema de subsidios condicionados a diversas circunstancias se pueden emplear para financiar esa renta básica incondicional.
De mi libro han hablado recientemente Jose M. Sánchez «Daze» en ABC, Carlos Guerra Soria en LinkedIn, Andrea Benito en ComputerWorld, y me entrevistaron en Capital Radio y en Gente Despierta de RNE, además de en algunos otros sitios que aún no he visto publicados.
Puedes leer el artículo completo en: : Trabajo, tecnología y evolución
