Todo es un ordenador
By Enrique Dans
Llevamos ya años acostumbrados a la idea de tener ordenadores por todas partes: de verlos en nuestros puestos de trabajo, pasamos a verlos en nuestros hogares, de ahí a nuestros bolsillos, y de ahí, básicamente, a todas partes. Un ordenador ya no es un ordenador tal y como lo conocemos. Hoy, un ordenador puede ser un minúsculo aparato de diez euros con capacidad de proceso y conectividad, como el Raspberry Pi Zero W de la imagen, o puede ser un automóvil, al que ya muchos llevamos tiempo refiriéndonos como “un ordenador con ruedas“.
Pero la cosa, en realidad, va mucho más allá. Cuando un ordenador puede ser cosas tan dispares, el siguiente paso es meter un ordenador en todas partes. La llegada de la internet de las cosas implica, cada vez más, que todo se convierta en un ordenador. Entro por la puerta de mi casa cuando el ordenador de la cerradura de mi puerta detecta mi ordenador de bolsillo, enciendo las luces y decido la escena que quiero componer con un ordenador asociado a ellas, con el que interacciono mediante la voz con otro ordenador puesto en mi salón. Mi televisión, mi equipo de música, mi alarma, mi sistema de riego, mi termostato o mi detector de humos… todo, de una manera u otra, son ordenadores conectados.
Todos esos ordenadores generan flujos de datos constantemente. Se calcula que un automóvil conectado enviará a la nube cada hora veinticinco gigabytes de información, que tendrán que transmitirse a través de redes 5G ultrarrápidas para poder ser accionables con la velocidad necesaria. Y como un automóvil, también transmitirá datos constantemente nuestra ropa, nuestros wearables, y hasta las calles o carreteras por las que transitamos. Todo aquello con lo que interaccionamos se está convirtiendo en un ordenador conectado y generando un flujo de datos constante hacia la nube con su actividad: el ordenador que llevamos en el bolsillo será responsable de nuestra identidad, de nuestros pagos, de nuestra comunicación y de nuestra localización. ¿Qué sentido tiene un DNI cuando un smartphone puede ser una prueba mucho más fehaciente de nuestra identidad? Flujos permanentes de datos cada vez que damos un paso o que interaccionamos con algo. Transacciones de todo tipo incluso acciones que nunca pensamos que constituirían una transacción, convertidas en bits, transmitidas a la nube y almacenadas en cadenas de bloques.
Ya conectamos desde los juguetes de los niños hasta los juguetes sexuales, lo que genera la evidente necesidad de proteger nuestros datos para evitar usos no deseados o no autorizados. Si todo es un ordenador, tenemos que entender la necesidad de tratarlo como tal, con todo lo que ello conlleva, incluida la necesidad de mantenerlo seguro y de transmitir sus datos a través de redes adecuadamente cifradas. Que los últimos ataques de denegación de servicio hayan utilizado aparatos conectados tan insospechados como cámaras, detectores de humos o termostatos deja completamente claro de qué estamos hablando.
El ordenador ha dejado de ser un aparato que manejamos para llevar a cabo determinadas tareas, y ha pasado a ser el alma de todo aquello con lo que interaccionamos: los infinitos dispositivos que hoy son opciones para geeks tendrán pronto una propuesta de valor tan grande que muchos se harán cruces pensando cómo podían hacer las cosas que hacen cuando esos aparatos no eran inteligentes o no estaban conectados. La red que conocimos como un detalle anecdótico que nos permitía comunicarnos o acceder a información, hoy es el tejido conectivo que intercambia flujos de información sobre todo lo que hacemos, y aunque obviamente necesite algunas mejoras, va a seguir siéndolo nos pongamos como nos pongamos.
Esa es la realidad a la que vamos, y cada vez más, en la que estamos. No hablamos de ciencia-ficción, no son historias futuristas, no son extravagancias: es una evolución imparable. Quienes no quieran o no sepan planteárselo, quienes no incorporen esa visión de entorno en lo que hacen, verán cómo sus ofertas son progresivamente menos competitivas, y cómo terminan siendo simplemente el refugio de los desconectados, de los nostálgicos o de los excluidos.
Creo que ya tengo ideas suficientes para mi siguiente libro. Voy a ponerme manos a la obra.
Puedes leer el artículo completo en: : Todo es un ordenador
