Sobre la conspiranoia tecnológica
By Enrique Dans
Joseba Elola, de El País, me envió un artículo del tecnoescéptico por antonomasia Evgeny Morozov que iba a publicar en el suplemento Ideas, porque supongo que sabía que me iba a resultar suficientemente provocativo como para plantearme uno no tanto como replica, pero sí como intento de exposición de hechos que diesen un contrapunto a su interpretación.
El resultado se titula “Menos conspiranoia y más tecnología” (pdf), e intenta explicar hasta qué punto resulta cansino ver teorías de la conspiración y supuestos planes de dominación mundial en cada movimiento que hacen las compañías tecnológicas, cuando son precisamente esas compañías tecnológicas las que están detrás del mayor avance experimentado por la humanidad en toda su historia. Algunos de los algoritmos de esas compañías son responsables de lo que encontramos cuando buscamos información, de lo que aparece ante nuestros ojos cuando intentamos comprar algo, de las noticias que leemos o hasta de si tenemos sexo esta noche, pero contrariamente a lo que algunos afirman, se trata en general de emprendedores que fueron capaces de convertir una serie de ideas en código, y que a partir de ahí, se han preocupado por construir un mundo mejor, lo que incluye intentar luchar contra algunos de sus problemas más acuciantes, como la desigualdad en la distribución de la riqueza, el sensacionalismo excesivo o la inseguridad.
De manera general, existe una mayor conciencia de sostenibilidad y de intentar arreglar los problemas del mundo en la industria tecnológica que la que existe en muchas otras industrias. Cuantas más figuras relevantes conozco en esta industria, menos se ajusta el perfil de psicópata o de malvado de cómic, y más el de persona que ha obtenido un poder determinado gracias a hacer algo relativamente novedoso gracias a la tecnología, y que a partir de ahí, se preocupa por mejorar el mundo en el que vive. Sinceramente, mucho más que las empresas tecnológicas y sus líderes, me preocupan aquellas otras compañías que dedican su esfuerzo, tiempo y dinero a intentar evitar que el mundo avance, a conseguir por todas las maneras posibles que sigamos haciendo las cosas como las hacíamos antes de que la tecnología desarrollase alternativas. Me preocupan infinitamente más los retrógrados, los lobbistas y los políticos que pretenden que sigamos como siempre que los tecnólogos que desarrollan nuevas maneras de hacer las cosas, generalmente mejores y más eficientes que las que había.
No se trata de tecno-idealismo: nunca se debe renunciar al control de nada, y todo poder conlleva una responsabilidad. Siempre que he visto algo que me resultaba preocupante, abusivo o, en general, que reducía las opciones del usuario en la industria tecnológica he sido de los primeros en escribir sobre ello y comentarlo. Pero eso no quiere decir que el arquetipo “tecnoescéptico por principio”, el que ve conspiraciones e intentos de dominación mundial en cada movimiento de una empresa de tecnología me aburra profundamente, el que piensa constantemente que la tecnología traerá efectos negativos y terribles, me resulte inmensamente cansino. El mundo en que vivimos tiene muchos problemas, como todos los mundos en los que todos los hombre han vivido desde que el mundo es mundo, pero me gusta. Y me gusta, sobre todo, porque hay muchas personas a las que considero genios que han sabido ir mejorándolo a una velocidad increíble, que me ha permitido, a lo largo de varias décadas de carrera profesional, verlo, experimentarlo y tocarlo. El mundo es mejor gracias a la tecnología y a los tecnológos. Y eso es lo verdaderamente importante.
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