Smartphones y factor forma

Smartphones y factor forma

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By Enrique Dans

A punto de salir hacia mi cita con el Mobile World Congress de Barcelona, invitado por Huawei como parte de su Key Opinion Leaders (KOL) Program, leo en TNW una crónica del hands-on del nuevo modelo plegable de Samsung, el Galaxy Fold, que me ha parecido interesante por el balance adecuado que hace de las ventajas e inconvenientes que plantea un factor forma semejante.

Esta edición del MWC va a tener, sin duda, un gran protagonismo del factor forma. Si el año pasado vimos fundamentalmente copycats más o menos afortunados del iPhone X y la obsesión fue tener un modelo con pantalla infinita, con notch o con reconocimiento facial, este año se ve claramente como, ante la práctica ausencia de cambios de la compañía de la manzana, otros fabricantes pretenden tomar el liderazgo lanzando novedades que trabajen sobre todo tipo de elementos del diseño y funcionales, a la espera de convertirse en favoritos del mercado. Así, veremos modelos plegables, con notch de diversas formas, con un agujero mínimo para la cámara, o por el contrario, holeless y utilizando la pantalla como amplificador de sonido.

Las variaciones del factor forma son, indudablemente, buenas para todos. Sin embargo, en algunos casos, como el de este Galaxy Fold, pueden resultar tan drásticas que prácticamente redefinan lo que es o lo que esperamos de un smartphone, y lo conviertan en un producto diferente. El modelo, según sus primeras críticas, en un monstruo con tres pantallas (una para el uso con el terminal cerrado, y otras dos cuando se despliega) que condicionan claramente tanto su elevadísimo precio, próximo a los 2,000 dólares, como sus dimensiones y peso. Obviamente, contar con dos cuerpos posibilita automáticamente incorporar una batería mucho más grande, así como contar con mucho más espacio para otros componentes. Así, llegamos a un dispositivo que no hay forma de guardar en un bolsillo, con tres pantallas, y con nada menos que una cámara en la cubierta, dos en el frontal y tres en la parte posterior, en lo que resulta difícil no calificar como de verdadera exageración a todos los niveles.

Por supuesto, una pantalla desplegada de 7.3″ permite una experiencia que prácticamente pasa a rivalizar con la de un tablet, y a posibilitar la apertura de múltiples ventanas como si estuviéramos en un ordenador. La pregunta es… ¿queremos hacer algo así cuando la gran mayoría de usuarios con un cierto nivel de sofisticación ya se ha acostumbrado a simplemente alternar en el uso de sus apps manteniéndolas siempre a pantalla completa? ¿Logrará una interfaz de este tipo cambiar la forma que tenemos de enfocar el trabajo en un dispositivo móvil? ¿Se convertirá de alguna manera en norma y se consolidará un factor forma así en el mercado, o quedará como una rareza más? ¿Lograrán este tipo de teléfonos plegables un nivel de ventas reseñable?

Un dispositivo con esas características empieza a salirse de los límites que planteamos en su momento para esa categoría a la que denominamos smartphone y a invadir otras como el tablet, y ese tipo de ejercicios mentales no siempre son sencillos en un mercado como el de la electrónica de consumo. Sin duda, veremos más modelos de más fabricantes, pero quedará la duda de si Apple, que pasa por ser quien realmente marca y decide las dinámicas de adopción en este entorno, se decide a incorporarse a esa tendencia o permanece refractaria a ella. Cuando algunas marcas comenzaron a lanzar terminales de grandes dimensiones, en su momento llamados phablets, su penetración en el mercado fue relativamente modesta – en su mejor momento, lograron pasar de un 2% a un 10% – y, sin embargo, se convirtieron en tendencia masiva cuando Apple lanzó su iPhone 6 Plus. ¿Podríamos ver un fenómeno similar en el caso de los smartphones plegables, o decidirá Apple ignorar esta tendencia de diseño y optar por otro tipo de novedades? Es probable que la acogida que otras marcas encuentren en el mercado sirva para que Apple, aunque afirme no mirar a la competencia, tome una decisión al respecto.

Por el momento, lo razonable parece ser optar por un cierto escepticismo. No sé si me veo llevando un monstruo como ese en el bolsillo, ni si realmente me aportaría tanto en términos de productividad o de experiencia, pero eso puede derivarse de mi patrón de uso, que no tiene por qué ser representativo. ¿Qué impresiones os genera un dispositivo así?


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