Si quieres evaluar una compañía, mira sus pantallas
By Enrique Dans
El pasado 8 de agosto, Delta, la segunda aerolínea más grande del mundo, se vio obligada a cancelar más de dos mil vuelos. Cientos de miles de pasajeros tirados en aeropuertos, pérdidas millonarias, y problemas acumulados con retrasos y cancelaciones adicionales que persistieron durante varios días, todo ello derivado de un fallo en sus sistemas.
No es en absoluto un caso aislado: el pasado 20 julio, Southwest Airlines también tuvo que cancelar en torno a dos mil vuelos debido a un fallo de software, problemas similares a los que sufrieron United Continental el 8 de julio, JetBlue el 14 de enero, y el pasado año 2015, Alaska Airlines en octubre y American Airlines en septiembre. Y todo indica que esto es tan solo el principio, y que veremos más casos similares a medida que los problemas derivados de tecnologías con varias décadas de antigüedad y recubiertas con cientos de capas para tratar de incorporar nuevas funcionalidades van demostrando su creciente vulnerabilidad.
Los problemas de los legacy systems han sido tratados en infinidad de ocasiones en la literatura académica: sistemas basados en las tecnologías existentes cuando fueron puestos en marcha, que suponen la funcionalidad principal de muchas compañías o que, como es el caso de las aerolíneas, resulta prácticamente imposible actualizar porque comparten funcionalidades entre múltiples compañías de todo el mundo, aquejadas además por problemas económicos, que no consiguen ponerse de acuerdo para actualizarla. Al final, el resultado es que todos terminan priorizando las inversiones a corto plazo, y utilizando sistemas de la década de los ’60, parcheados en tantas ocasiones que ya han perdido la memoria de quién cambió qué, utilizados a través de todo tipo de interfaces que abren pantallas que parecen auténticas experiencias de viajes en el tiempo.
Basta con echar un vistazo a la pantalla que se abre en el mostrador de cualquier aerolínea o agencia de viajes: sea a toda pantalla o en una ventana, veremos un espacio generalmente azul o negro en entorno carácter, que viene a ser el acceso al sistema de reservas utilizado por la mayoría de las líneas aéreas, el conocido como Transaction Processing Facility o TPF, un sistema de código cerrado diseñado por IBM en 1979 como evolución de su Airline Control Program (ACP), puesto en marcha en 1965. El núcleo de ese sistema original, SABRE (Semi-Automated Business Research Environment), al que corresponde la captura de pantalla que ilustra esta entrada, sigue aún en funcionamiento. La última actualización significativa del sistema fue hecha por IBM hace aproximadamente una década.
Este tipo de circunstancias, la dependencia de sistemas completamente anticuados, son habituales en muchas industrias, desde las aerolíneas a la administración, pasando, entre muchas otras, por la distribución, los seguros o la banca. ¿De verdad puede considerarse la banca preparada para su incorporación a un futuro basado en blockchain, como afirma el World Economic Forum? ¿Pretenden hacerlo poniendo el enésimo parche sobre los vetustos programas que aún tienen corriendo sobre Sistema 36? ¿Y con personas que aún ni entienden “de que va eso del bitcoin“?
Habitualmente, resulta fácil constatar este tipo de circunstancias: yo mismo no puedo evitar tratar de echar un vistazo a las pantallas que manejan las personas cuando llevo a cabo transacciones en todo tipo de sitios, y constato la gran cantidad de ocasiones en las que me encuentro con sistemas operativos de principios de siglo, imposibles de actualizar, y corriendo programas aún más arcaicos sobre ventanas en entorno carácter. El alcance de los problemas que surgen del uso de ese tipo de sistemas puede ser de muchos tipos: la respuesta “problemas con los ordenadores”, que tanto suena a excusa para no confesar incompetencia, es aún tristemente real en una buena parte de los casos en que se utiliza.
Periódicamente, vemos cómo una industria sufre el impacto de la disrupción en parte derivada de su propia incapacidad para actualizar, entre otras muchas cosas, su software. Dejémonos de mitos sobre la solidez de los sistemas, la confianza en lo que ya funciona y el “si no está roto, no lo arregles”. La tecnología ha evolucionado exponencialmente a lo largo de los últimos años, y hoy es, además, uno de las principales factores que determinan la competitividad de las compañías. Ser competitivo hoy utilizando herramientas de los años ’60 es como encender fuego con dos piedras: tal vez lo consigas, pero te costará mucho más tiempo y te pillarás los dedos en varias ocasiones. Si quieres saber cómo le va a ir a una compañía en el futuro, trata simplemente de echar un ojo a los monitores que utilizan los que trabajan en ella.
Puedes leer el artículo completo en: : Si quieres evaluar una compañía, mira sus pantallas
