Robots que matan
By Enrique Dans
En la imagen, un robot Remotec de la serie Andros fabricado por Northrop Grumman, habitualmente utilizado para la desactivación remota de artefactos explosivos. Con un coste aproximado de unos $200,000, era uno de los tres que la policía de Dallas había adquirido recientemente, con el fin de incrementar su nivel de preparación ante posibles atentados terroristas con bombas.
Pero ayer viernes, el robot fue utilizado no para desactivar una bomba, sino precisamente para lo contrario: para enviar y detonar un artefacto, presumiblemente uno de los que habitualmente se utilizan para provocar la explosión controlada de otro mayor, en el lugar donde se hallaba Micah Xavier Johnson, uno de los francotiradores que acabó con la vida de varias personas durante una manifestación pacífica en Dallas.
La decisión, posiblemente acertada ante una persona con entrenamiento militar y equipamiento desconocido que era susceptible de provocar bastantes más bajas, no está exenta de polémica, y ha sido considerada por algunos como el inicio de la era de Robocop.
En realidad, el uso de robots semiautónomos para matar personas cuenta ya con una amplia tradición militar: la “guerra de los drones” desencadenada por la administración Obama en países como Pakistan, Yemen o Somalia, con los que los Estados Unidos no están oficialmente en guerra, pero que sirven de refugio a un enemigo, Al-Qaeda, que carece de un territorio como tal, ha provocado ya la muerte de varios miles de personas, incluyendo presuntamente 1,270 civiles considerados como errores y algunos casos especialmente sonados, como rehenes a los que se intentaba rescatar.
En el uso policial, sin embargo, el empleo consciente de un robot con una bomba para matar a un delincuente carece de precedentes, y permite imaginar una amplia gama de posibilidades ayer probablemente descartadas por la premura del momento, como el uso de otras técnicas: montar sobre el robot un cañón de agua, una pistola eléctrica tipo Taser o algún agente químico incapacitante. El robot utilizado ayer, como los drones militares, estaba siendo manejado por un humano mediante control remoto, pero los hechos comienzan a acercarnos bastante a la posibilidad de emplear robots autónomos y dotados de inteligencia artificial en conflictos armados, una posibilidad sobre la que ya mostraron alarma personas como Elon Musk, Steve Wozniak o Stephen Hawking y que reclama el desarrollo de unos principios éticos adecuados.
Es posible que el uso de robots por parte de las fuerzas policiales para dar salida a situaciones complicadas pueda tener sentido. Pero si ese va a ser el caso, habrá que asumir que ese tipo de situaciones pueden convertirse en relativa y tristemente habituales, y deberán no solo procedimentarse adecuadamente, sino además diseñar esas máquinas de manera que no solo se priorice evitar el posible peligro para agentes y ciudadanos, sino también el minimizar los desenlaces letales en todos los sentidos.
Puedes leer el artículo completo en: : Robots que matan
