Reinterpretando el trabajo

Reinterpretando el trabajo

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By Enrique Dans

Un creciente número de noticias trata la readaptación del trabajo al actual entorno tecnológico y social en cada vez más compañías, apuntando hacia tendencias cada vez mas consolidadas y con bastante sentido.

¿Cuántos de los puestos de trabajo que conforman la actividad de tu compañía podrían ser redefinidos de una manera que buscase un encaje más adecuado con las preferencias de los trabajadores? Obviamente, no todos ellos. Desde demandas relacionadas con horarios de atención al público hasta cuestiones derivadas del uso de maquinaria especializada, pasando por otras circunstancias llevan a que, indudablemente, unos puestos demanden una mayor rigidez en su definición que otros. Pero eso no es así en todos los casos: muchos puestos de trabajo se definen en función de actividades que, con un mayor o menos grado de definición, podrían adaptarse a criterios que optimizasen las circunstancias de quienes los desempeñan.

A la ya habitual reingeniería derivada de independizar cada vez más tareas del lugar físico y posibilitar el trabajo remoto gracias a la profusión de tecnologías que lo permiten – o que incluso, en muchos casos, lo recomiendan – se unen otras posibilidades, como la semana de cuatro días, cada vez más demandada y vista de forma creciente como una manera de pasar a los trabajadores una parte de los beneficios del trabajo que desempeñan los robots. ¿Por qué, a pesar de haber incorporado una enorme cantidad de herramientas que ha incrementado sensiblemente la productividad de las personas, hay tantas compañías que siguen definiendo el trabajo como una vinculación obligatoria a un lugar determinado durante un número de horas establecido? ¿Cuántas de las tareas que llevas a cabo en tu trabajo podrían ser llevadas a cabo desde tu casa, en unas condiciones mucho más agradables y sin necesidad de “hacer que parezca que trabajas“?

Por otro lado, existen otros replanteamientos que giran en torno a la adaptación de las jornadas de trabajo al reloj biológico de los trabajadores: un número cada vez mayor de compañías permiten a los trabajadores establecer sus horas de trabajo en función de cuando ellos mismos se consideran más preparados para trabajar, no necesariamente a partir de una hora determinada. Básicamente, si necesitas un despertador para levantarte, es que tu horario de trabajo está mal sincronizado con los ritmos de tu cuerpo, y eso, como sabe cualquiera que luche por mantener los ojos abiertos a primera hora de la mañana en un puesto de trabajo, te convierte en claramente menos productivo. ¿Es de verdad necesario que todos los trabajadores entren a una misma hora? ¿Cuánto tiempo de tráfico podría ahorrarse si flexibilizásemos totalmente ese tipo de convenciones, basadas fundamentalmente en arcaísmos que provienen de circunstancias de hace más de un siglo? ¿Cuántas cosas pueden replantearse? ¿Es de verdad necesario que los colegios empiecen temprano?

Un cierto número de compañías están comenzando a adoptar redefiniciones radicales de esos principios. Basecamp, por ejemplo, permite que sus empleados trabajen desde donde quieran y con el horario que estimen oportuno. Netflix ofrece flexibilidad total en cuanto a los períodos vacacionales, cuántos y cuándo tomárselos, y la compañía no solo no ha tenido que cerrar por ello, sino que le va de maravilla. Virgin aplica la misma política. El desafío actual de muchas compañías consiste en encontrar formas de convertir el trabajo en algo que tenga sentido, que vaya más allá de ser una simple obligación por la que hay que pasar para obtener un recurso. ¿Cuándo vamos a empezar a utilizar las posibilidades que la tecnología ofrece para redefinir los puestos de trabajo, otorgar una mayor libertad al trabajador y posibilitar una mayor motivación y alineamiento con las necesidades de la compañía?


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