MyTaxi, Hailo y la confirmación de la estrategia de Daimler
By Enrique Dans
La adquisición del 60% de Hailo por parte de MyTaxi, propiedad de Daimler, confirma todo lo que pude ver en mi visita al cuartel general de la compañía en Stuttgart a finales del pasado enero: la estrategia de la compañía no solo es enormemente ambiciosa en este sentido, sino que tiene además perfecta y meridianamente claro que se dirige hacia un escenario en el que los usuarios adquirirán muchos menos vehículos y con una pauta mucho menos frecuente, y utilizarán de manera habitual todo tipo de soluciones para desplazarse de un lugar a otro mediante servicios habilitados a tal efecto.
La operación de adquisición es, en realidad, un intercambio de acciones en el que no median pagos en metálico. Daimler adquiere el 60% de Hailo a su valoración actual, y la compañía mantiene todos sus accionistas, que habían puesto cien millones en sucesivas rondas, y que reciben a cambio acciones de la nueva MyTaxi. Hailo pasa a operar bajo la marca MyTaxi, y su CEO actual, Andrew Pinnington, pasa a ser CEO de la nueva MyTaxi. El CEO y fundador de MyTaxi, Niclaus Mewes, pasa a supervisar las operaciones de Daimler en la industria del transporte de viajeros.
El acuerdo tiene mucho sentido considerando los países en las que operan ambas compañías: con la excepción del mercado español, en el que ambas están presentes, el solape es mínimo, con MyTaxi extendida en Alemania, Australia, Italia, Polonia, Portugal y Suecia, y Hailo bien asentada en Irlanda y el Reino Unido.
Que una de las grandes compañías de automoción a nivel mundial sea no solo capaz de predecir este escenario, sino además, de intentar prepararse adecuadamente para él con una estrategia ambiciosa que combina adquisiciones e intracreación resulta poco habitual. Ante la aparición de un competidor como Uber, al que obviamente se intenta hacer frente con esta operación, la reacción habitual de las compañías que operan en una industria es la de negar la evidencia y tratar de aplicar las llamadas non-market strategies, que utilizan actividades de lobby, recursos al regulador, a los tribunales, etc. para luchar contra el nuevo entrante.
En la estrategia de Daimler, que en su momento comparé con la conocida “destrucción creativa” de Schumpeter, se incluyen adquisiciones como la de RideScout o MyTaxi en septiembre de 2014, y su integración en la estructura de desarrollos internos como Car2Go o Moovel, la app de movilidad multimodal. La estrategia genera una constelación de personas y de know-how distribuidas en múltiples elementos: mientras compañías relativamente jóvenes como Car2go aún operan desde edificios propios de Daimler, Moovel estrenó no hace mucho tiempo flamantes oficinas en el centro de Stuttgart, mientras MyTaxi continúa operando desde Hamburgo.
En en centro de la cuestión, el futuro de la movilidad urbana, que cada vez más apunta a un conjunto de ofertas entre las que se incluyen desde simplemente caminar o utilizar una bicicleta para ciertos desplazamientos, hasta alternativas como el car-sharing, el ride-sharing, el transporte público, o los servicios de taxi de diversos tipos. Mientras MyTaxi y la recién adquirida Hailo operaban mediante conductores con licencia de taxi convencional, compañías como Uber y similares lo hacen mediante licencias de vehículos de transporte con conductor (VTC) o directamente sin ellas mediante esquemas P2P en aquellos mercados en los que se lo permiten.
En las discusiones sobre movilidad urbana empieza a estar en cuestión si los privilegios otorgados a quienes poseen licencias de taxi, tales como la posibilidad de ser los únicos a los que se puede llamar levantando la mano en la calle (hailing) o la de reservar determinadas zonas, tales como paradas de taxi o carriles específicos, sirven realmente para descongestionar el tráfico o terminan por suponer un problema. La duda no resulta en absoluto trivial: mientras las apps de reserva de taxis permiten que una persona sea recogida en donde ha especificado y pueda monitorizar la llegada del vehículo, el hecho de permitir la llamada desde la calle conlleva que una gran cantidad de vehículos circulan por la ciudad desocupados y “a la caza” de un viajero, en un esquema completamente ineficiente: generalmente a velocidad más reducida, tratando de ocupar los carriles más próximos a la acera, deteniéndose en ocasiones con maniobras complicadas, y, como bien saben en muchas ciudades en Latinoamérica, sometidos a un control mucho menor que cuando acuden a través de una app. La popularidad de las apps en este sentido tiene toda la lógica: además de ofrecer un mayor control, permiten pagar de manera sencilla, evitan la necesidad de llevar dinero en metálico, permiten contactar más fácilmente con el conductor en caso de olvido de objetos en el vehículo, y ofrecen, en general, una trazabilidad muy superior. Pero para la ciudad, podrían llegar a suponer pautas de circulación más fluidas, en las que eliminamos detenciones erráticas y vehículos circulando
¿Deberían todos los servicios de transporte de viajeros funcionar obligatoriamente a través de apps, para evitar una operativa subóptima que termina resultando molesta a los usuarios de las vías urbanas? Aplicaciones como Hail o MyTaxi apuestan decididamente por ahí: no solo se utilizan para llamar al taxi cuando lo necesitas, sino que además, ofrecen las prestaciones adicionales de calidad, trazabilidad, evaluación y pago que puede ofrecer un Uber o un Lyft. La adquisición de Hailo por MyTaxi es claramente eso, una reacción a la pujanza de Uber en medio mundo – y de Didi Chuxing en el otro medio – con el fin de hacerse con una parte significativa del pastel del transporte de viajeros en el entorno urbano. Que ese movimiento de consolidación venga de una compañía automovilística tradicional – de hecho, de la primera comercializadora del motor de explosión – no deja de tener su mérito, y su sitio en el análisis de un profesor de escuela de negocios!
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